viernes, 15 de febrero de 2019

¿Liderar es más de forma qué de fondo?

Los tiempos que corren han hecho que surjan líderes de todos tipos, formas y colores; algunos con unas propuestas maravillosas, otros sin dudas creados en el mundo del 2.0; hay unos casos que admiro, ellos son la consecuencia de haber construido una propuesta de valor con un fondo sustancial y una base cognitiva sólida, y el mundo virtual sirvió como medio para proyectarlos.

La pintura se cae y la columna se mantiene, nunca he visto que se haya caído una pared y la pintura quede parada. Si los líderes están llamados para servir dando estructura a un proceso, mal podría pensarse que es suficiente y sustentable con diseñar una linda fachada desde un discurso bien adornado, o una buena campaña mediática, o la aparición por horas en los medios. Lo anterior es solo forma, fachada, castillos naipes, buchipluma y nada más.

Los líderes que demandan los nuevos tiempos son líderes con fortalezas sólidas en muchos ámbitos, son aprendices empedernidos, saben cuanto saben y siguen aprendiendo; conocen el camino que los conduce a generar verdaderos resultados medibles; se distinguen en el uso de herramientas que ayudan a que la gente cambie de conducta; y sin duda, saben como hacer que su equipo innove.

Uno de los fenómenos actuales en el mundo empresarial, es el regreso por diferentes vías de aquellos que hasta ayer eran “Baby Boomers” o jubilados, muchos están siendo contratados como asesores, facilitadores de aprendizaje y, otro grupo presta sus servicios como emprendedores a las compañías, en las que hasta ayer fueron empleados. La pregunta es: ¿Qué está pasando, que hay que regresar de una u otra manera a los que ya se fueron?

Liderar consistentemente requiere de fondo, que el líder esté formado en muchos sentidos; dirigir personas y gerenciar un proceso es mucho más complejo y desafiante que el uso de las formas, en ocasiones, hay situaciones de tal complejidad que la mejor “forma” surge cuando se tiene un profundo “fondo”.

La vida sigue mostrándonos con contundencia que los líderes pueden llegar a ser desechables, y la responsabilidad no es de otro sino ellos mismos; para dejar de ser líderes que pasan “sin pena ni gloria” es bueno que se hagan cargo de:

A) Comprenda que como líder está llamado a servir con sentido profundo de cambio y transformación de unas circunstancias, y es un llamado para concentrarse en dejar una huella positivamente indeleble en las personas.

B) La mejor forma de presentar el fondo, es con un plan que responde a una realidad con visión de futuro, donde se exprese lo estratégico y lo táctico.

C) Deje que los medios que sirven para mostrar sus resultados sean consecuencia, no la causa de su tarea.

D) Dese el permiso de cuestionarse su propio discurso, cuando esté lleno de forma y carente de fondo; todos sabemos cuando usamos argumentos banales que ni nosotros mismos entendemos o creemos.

E) Haga de su discurso y acciones un espacio de creatividad, rico en sustento, basado en conceptos estudiados y con factibilidad de aplicación; esto requiere estudio, práctica y aprendizaje, y le evitará ser un loro repetidor de frases edulcoradas, que terminan con un sabor amargo porque conducen a “ningún lado”.

F) Trabaje cada día consigo mismo, para evitar que las malformaciones del Ego y las redes de banal lo seduzcan, desviándolo de lo que es realmente importante: el discurso de los hechos.

Cuando veo un líder poseer una cultura de servicio, sentido de trascendencia, actitud de aprendiz, actuar desde el amor y, usar profundidad con buena forma, son expresión de los valores necesarios en el desempeño del líder que se requiere, es  cuando creo que... Vamos bien.


@amanciojeda

viernes, 1 de febrero de 2019

Líder cuídese mucho

Llega un email. Luego de unas líneas “bien” escritas se revuelve el alma, se siente una bofetada en el corazón, hay un vacío enorme, el abandono y la inseguridad florecen en los pensamientos; un “cuídese mucho” y como firma una “X” son el final de lo que sería un nuevo punto de partida, ella ya no es la misma, la relación “se acaba” a intención de él y para sorpresa de ella. El mundo comienza a girar y 107 mujeres persiguen descifrar en que esquina emocional estaba él, y así poder justificar (o no) aquel rompimiento y dar paz a la convulsión sentimental de esa mujer: Sophie Calle.      

Con Aniuska Milé en la muestra de ate de conceptual
"Cuídese mucho" de Sophie Calle en el Museo de 
Arte Moderno en Santiago - Chile. 

Filóloga, criminóloga, periodista, lingüista, escritora, artista callejera, maga, psicoanalista, politóloga, maestra de primaria, actriz de teatro, carcelera, una niña, son algunas de las profesiones, oficios y  características de las damas que la artista reunió para que leyeran, la bendita carta que semejante herida abrió y, no podía calcular el tamaño y la forma de la cicatriz que produciría en el futuro.  

Lo anterior es mi escuálida proyección de la obra “Cuídese Mucho” de la artista francesa Sofhie Calle, que convierte un hecho en una cadena de incertidumbres, al presentar distintas figuras lingüísticas acompañadas de fotografías, como medios de expresión de las variopintas interpretaciones de la razón de su despecho.

Esto es liderar
Muchas de las interpretaciones de las féminas van en la dirección de resaltar la cobardía de “X” y dar fortaleza a la victima de esta historia, ese es un camino predecible, algunas salen de ese esquema y muestran un contra sentido,  sin que esto signifique una defensa al emisor del  detonador que sacara de la artista tan genial acto de liderazgo.

Los líderes toman los hechos, y por mucho despecho que sientan, se mueven, se transforman y  generan una obra que sirve a otros; les mejora la vida, les ayuda a cambiar la mirada y cuestionar sus verdades para ver nuevas posibilidades. ¿Cuántas personas han recibido una carta, email o mensaje de texto donde se acaba una relación? ¿Cuántas de esas personas han logrado que ese hecho se convierta en una obra de arte conceptual, con un recorrido de más de 20 importantes museos del mundo?

Los líderes que influyen positivamente inspiran eso, que su obra quiera ser exhibida, visitada, mejorada, llevada por el mundo; los líderes logran que sus acciones trasciendan más allá de las fronteras, no me refiero a las geográficas (que es una posibilidad) sino a las fronteras entre el impacto emocional pasajero y fugaz, y la transformación de las creencias limitantes  por decisiones para la acción.  

La invitación es que los líderes se cuiden mucho de: Las trampas del egocentrismo; de confundir la fama con el liderazgo; de creerse que ellos son la verdad y así pecar de mesías; de olvidarse que está para servir y no para ser servido; de intentar justificar la falta a los principios universales, basado en un discurso manipulador; a jugar a la “victima, perpetrador y salvador”; a creer que la trinchera de las redes sociales es la realidad donde ocurren las cosas;  a soñar, hablar y no actuar; y a dejar de vivir su vida, para vivir la de quienes le siguen. Los líderes no actúan para hacer historia, hacen historia porque actúan con trascendencia.

“X” logró despertar en Sophie una obra de arte conceptual, eso no lo convierte en líder, fue la artista que se transformó en las circunstancias para mudarse de su cotidiano actuar y trascender. Los líderes hoy más que nunca, están citados a conseguir en cada “X” un detonador que los conduzca a transformar las ideas con el arte de hacer mejor a la gente.       

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda
  

viernes, 18 de enero de 2019

El Canto de la Chicharra

Al llegar a mi casa en Maracaibo, incontables veces reposaba en el piso rojo del porche un sobre que tenía mi nombre, llegaban de todos los colores y medidas, recuerdo uno tamaño oficio verde oliva con una franja marrón en la parte inferior, sellado en tinta violeta, era realmente llamativo; la emoción era la misma, siempre expectante, ansioso, con ganas de saber que deparaba su invitación, y ser cuidadoso de no dañar su contenido. Aunque quería ocultar mi emoción y hacerlo pasar como algo normal, mis ojos brillosos y una sonrisa nerviosa me delataban. Aurora lo sabía, siempre lo ha sabido, ella me conoce bien.      

Cada uno de estos sobres traía consigo un mensaje directo o indirecto para mí, habían sido vertidos de significado, no eran inocentes, la intencionalidad estaba plasmada en cada trazo, en cada letra, detallada en frases o imágenes, incluso en la ausencia de las anteriores; el remitente dibujaba su propuesta y su compromiso con fecha de caducidad. La verdad es que algunos sobres traían consigo mensajes cifrados casi inteligibles, y otros, cartas muy bien escritas como si salieran de la pluma de Isabel Allende.   

El ritual para develar el contenido era invariable: basado en la abstracción de mi  ser en un cuarto oscuro - así la luz estuviese despierta -, música con notas y melodías tropicales, se hace presente la curiosidad con su arrebato y, una vez que sonaba el rasgado del sobre, se despertaba la chicharra, quien vigilante me dejaba peregrinar entre el mensaje recibido, y luego ella cantaba su canción con la misma melodía, sólo cambiaba la letra usando su capacidad de improvisación, que era tan buena o mejor que la del decimista Víctor Hugo Márquez, ya que con menos versos su mensaje se sembraba hondamente.

La chicharra siempre tenía la razón, ella hacia uso de una capacidad de seducción y convencimiento con una minuciosidad quirúrgica; los argumentos que yo podía esgrimir siempre sobraban, ella sabía que decir y lograba su fin: Que con parálisis no respondiera.

Las veces que la desobedecí era porque me sentía “grande en el sentir”, incluso contradiciendo un principio que estaba escrito con tinta china en el papel tapiz de mi habitación que decía: No te apresures, piénsalo bien.

Huyéndole a la chicharra me oculté en la montaña, la frecuencia con la que llegaban los sobres se redujo y por la altura a ella le costaba mucho más cantarme al oído, pero con su insistencia también logró que fuese descortés en no responder a quienes se tomaban su tiempo, para forjar cada mensaje y ponerlo en el sobre. Mi fardo de culpa por tantos desplantes cometidos me hacia odiarla, incluso, al principio la responsabilizaba de mi parálisis, luego, más viejo, me dediqué a dejarme seducir por ella.

En una oportunidad decidí conversar con ella, y le mostré en tono de reclamo muchos de los sobres recibidos que no respondí y que ya no podré responder, porque desconozco el paradero de los remitentes y el plazo había vencido. La chicharra me dejó ver que ella sólo cantaba porque yo la llamaba, y que me diera cuenta, que aun llegaban nuevos sobres.

Me pregunto con nostalgia: ¿Qué sería de mi vida sin la chicharra? ¿Cuántos sobres desprecié? ¿Cuántas aventuras viví y dejé de vivir por creer en su canto? Y mis respuestas se amparan en los sobre que sí respondí. Hoy sé que la única manera de responder a los sobres es haciéndome grande en el sentir, también que puedo ser yo quien envíe los sobres y provoque las respuestas, y vestido con esa certeza ando escribiendo.

Me salta la curiosidad de saber de ti querido lector: ¿Qué significan los “sobres” y quién es “la chicharra” en tu vida?

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda