sábado, 29 de octubre de 2011

Las emociones y el educador

Si hay algo que marca una experiencia de aprendizaje y un alumno son las emociones del Facilitador. Las emociones sencillamente son la diferencia. 
Un facilitador frío, calculador, distante, sin una sonrisa que disminuya "la seriedad" del proceso de aprender, que no se aproxime a la gente, que se dedique sólo a "enseñar", hará que los aprendices se incomoden, se extraigan del proceso de aprendizaje y muchos concluirán que esa actividad no está referida o diseñada para ellos.

Las emociones en sí mismas son una sugestión, son una expresión que puede condicionar el cerebro del aprendiz para querer estar o no en el proceso de aprendizaje. Cuando el facilitador se hace cargo honestamente de transmitir sus emociones e impulsar que florezcan las emociones de sus estudiantes, entonces se abrirá un espacio de confianza y seguridad que ayudará a que todo fluya de manera más armónica y se incremente la productividad.

Emociones como: alegría, sorpresa, amor, seguridad, serenidad, poder, agradecimiento, entusiasmo, reconocimiento, tranquilidad, entre otras. Son las que un facilitador debe hacerse cargo de mostrar sin temor, no puede reprimirlas y mucho menos ocultarlas, son parte de él y los aprendices siempre desean a un facilitador humano, cercano, que vive y siente.

Emociones como: aburrimiento, ira, tristeza, desconfianza, apatía, angustia, vergüenza, repulsión, entre otras. Son emociones que existen, que el facilitador como ser humano puede tener, pero que debe aprender a canalizar, para que no se conviertan en sugestiones negativas que mermen el ánimo de los estudiantes y marquen negativamente la experiencia de aprendizaje.

Una frase muy elocuente de la presidenta de la "Red de Aprendizaje Quántico" Roberta "Bobbi" DePorter dice: "Los estudiantes no les importa lo que sabes hasta que sepan lo que sientes". 


Amancio E. Ojeda Saavedra 
amancio@alianzas.com.ve 
 Twitter @amanciojeda 

martes, 18 de octubre de 2011

La lección perdida del liderazgo

Luego de tener más de 15 años estudiando de manera disciplinada y practicando el liderazgo, hay una lección fundamental en este tema que se ha perdido en el tiempo, se nota su ausencia en organizaciones, salones de clases, instituciones públicas y privadas, en agrupaciones cívicas, iglesias, partidos políticos, entre otras.

Donde exista un líder existen seguidores, y por ende debe haber unos códigos basados en las diferentes responsabilidades de cada quien, pero sobre todo hay una función que es la esencia del líder y que se esfumó en muchos dirigentes.


Me refiero a que los líderes tienen como principal función SERVIR a la gente, los líderes son en esencia unos servidores de sus seguidores, no al contrario. Lo que solemos ver, es mucha gente sirviendo al líder y el líder "haciendo su trabajo" de dirección.


Es frecuente conseguir que un supervisor haga su trabajo pensando en complacer a su jefe y no en atender a sus colaboradores; y su jefe hace lo mismo para complacer al gerente, y se olvida de atender al supervisor, y así sigue la cadena. ¿Quién atiende entonces al colaborador del peldaño más bajo?


Servir a otros; atender las necesidades de los seguidores; hacer que los seguidores (por muchos que sean) se sienta atendidos por el líder, es la principal función. Antes de desarrollar una poderosa visión, antes de contagiar a la gente con una idea, antes de iniciar a dar órdenes y tener el control del equipo, el líder debe conocer que su mayor grado de responsabilidad está en servir a la gente.


Cuando un líder se olvida a quien se debe por estar en la carrera de ascenso organizacional o de cualquier índole, comienza hacer un trabajo de servir a sus superiores, y es allí donde existe una distorsión de lo que se llama liderazgo.


Toda persona que tenga un positivo deseo de liderar, debe iniciar por comprobar su capacidad y disfrute al momento de servir a otros. Los líderes deben reencontrarse con su deseo de servir, y deben enfocar sus energías y acciones para atender a los seguidores ante de atender a las cúpulas de los niveles superiores o de poder. 
 
 
Amancio E. Ojeda Saavedra
amancio@alianzas.com.ve
Twitter @amanciojeda  

miércoles, 12 de octubre de 2011

Ser Tolerante es un acto de Conciencia


Construir relaciones sanas, depende en gran medida de tener una conducta de Tolerancia, ser tolerante comienza por tolerarte a ti  mismo, por aceptarte tal como  eres, cuando muestres una conducta intolerante ante las otras personas, es preciso que te detengas y antes que emitas un juicio, revísate e identifica que parte de la situación esta disparando  esa emoción.

La tolerancia es un habito que puedes ganar con conciencia y práctica, ya que tiene mucha áreas relacionadas, entre ellas:
A) Aceptar a los otros tal como son,
B) Respeto a las diferencias,
C) Aprender de los otros,
D) La escucha activa,
E) Dejar atrás los juicios valor,
F) Reconocer que tener la razón, no es una solución,
G) Celebrar la diversidad,
H) Ser paciente, entre otras.

Para que logres ser tolerante, comprende que esto es un verdadero acto  de conciencia, y para desarrollarla, requieres  de mucha paz interna, ya que cada situación merece un trato especial.

Puedes pensar que ser tolerante es llegar a ser sumiso,  y no  es eso lo que quiero decirte, con ser tolerante no te estoy pidiendo que dejes que los otros abusen de ti y de tus derechos, quiero invitarte actuar ante lo que consideras una injusticia, lo importante es que lo hagas desde la búsqueda de una solución factible para todas las partes, y no desde el odio y la venganza.

Analiza este ejemplo: Una esposa enamorada que tiene el deseo de construir un hogar funcional, se expone de manera frecuente a los irrespetos y la conducta desconsiderada de su marido, y en nombre de la “tolerancia” lo acepta y calla, durante muchos años. ¿Qué opinas?  

Yo siento, que esta persona ha pasado de la tolerancia a la sumisión, nada más lejos de aceptar las violaciones de sus derechos, ser tolerante en este caso, implica decir basta, entender que la otra persona viene de una realidad distinta y sus conductas pueden cambiar, pero que esa situación requiere una solución y una salida urgente.

Ser tolerante en este caso, es preguntarse: ¿Cómo puedo solucionar esta situación sin llegar al irrespeto? ¿Cuál es una salida a esto, que muestre mi amor y no  mi rabia? ¿Cuál es la verdadera familia que quiero vivir, sin exponer mi integridad como ser?     

Una frase que puede resumir el concepto  de tolerancia que expongo hoy, pertenece a quien fue vivo ejemplo de Tolerancia y que sin violencia actuó para cambiar lo que considero una injusticia, me refiero  a  Mahatma Gandhi, que dijo: “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”.


Amancio E. Ojeda Saavedra
Alianzas de Aprendizaje
Teléfonos: +58-241-868.1788 / 867.8220
Twitter: @amanciojeda     


   

domingo, 2 de octubre de 2011

El Día de parada de lo Urgente

"Al que va de prisa se le hace grande un pequeño estorbo.”
-          Séneca

Quienes no planifican corren el enorme riesgo de vivir entre una urgencia y otra, y allí pasar los días, las semanas, los meses y los años. Para muchos la urgencia se ha convertido  en el “aliciente” que los hace sentir vivo.

Cuando  vemos a alguien que nunca tiene tiempo ni para sí mismo y mucho menos para su familia; cuando observamos que el estrés se apropia de la gente; cuando las personas no pueden hacer otra cosa que mantenerse alerta porque “algo puede pasar”; cuando en las empresas un día se parece al otro, sólo cambia  la forma y no  el fondo; cuando en las organizaciones los empleados al verse en una urgencia dicen: “es que esto es normal aquí”; si los gerentes en su discurso y acciones no tienen actividades de planificación a mediano y largo plazo; cuando los líderes usan la frase “es que aquí no  se puede planificar”, entre otras. Estamos en presencia de seres u organizaciones que viven en una urgencia prolongada en el tiempo.

El gran mal de la urgencia es que mata el futuro; el gran mal de vivir en la urgencia es que el presente se te hace incomodo y el futuro inalcanzable; el gran mal de tener la urgencia como estimulo para sentirse vivo, es que olvidamos la esencia de vivir.

Tips para abandonar la urgencia: 
* Toma conciencia que la vida es más importante que una urgencia.

* Hacer una lista de las actividades diarias que “te tocan” hacer y no  agregan valor para tu vida, de manera de irlas desapareciendo de tu “obligación” con ellas. 

* Planificar para un periodo  más largo que una semana, un mes o un trimestre.

* Decretar y cumplir el “Día de parada de lo urgente” y  hacer que lo que ocurra en ese día,  en mayor medida responda a la manera que quieres vivir mañana.

* Réstales poder y autoridad a las personas que están fijando la pauta en tu agenda.

Finalmente, cuando consigas algo  más importante que tu vida dale prioridad Uno y atiéndalo con urgencia. 

 
Amancio E. Ojeda Saavedra
Twitter: @amanciojeda