viernes, 20 de diciembre de 2019

Así se hicieron Flores de Navidad

Era un jardín simplemente hermoso. Sin duda, una comunidad feliz, llena de rituales y costumbres únicas e irremplazables. Al menos era eso lo que creían quienes orgullosamente habitaban ese rojizo lugar.

Cuentan que, en una fecha como hoy, cerca de celebrarse el nacimiento del hijo del creador, a una de sus flores se le ocurrió la idea de salir a explorar otros jardines. Para ello, invitó a sus cuatro mejores amigas, de las cuales solo Xiomara, temerosa de abandonar las certidumbres, prefirió no acompañarlas.

Aurora, era seguida por Juana, Palmira y Angélica. Emprendieron el viaje, en una carreta pintada de celeste que, danzando por caminos de arena, marcaba traviesamente el paso con saltos repentinos, que dibujaban una sonrisa nerviosa en cada acto de elevación involuntaria.

Luego de ese baile epiléptico, llegaron al rosal Arequipeño. Su primera sensación fue de confusión. Había una extraña mezcla de colores en la que, el rosa pálido y el amarillo, matizaban la costumbre de que allí, en la noche buena, nadie visitaba a nadie. Cada quien oraba y cuidaba a sus capullos.

No parece un lugar muy cálido - Dijo Palmira.

Y se sumó Juana diciendo: - Inseguro y aburrido, además. ¿Cómo confiar en una comunidad que no comparte y que pasan la noche rezando? ¡Así tendrán sus almas!

Angélica sentenció - Mejor no vamos.   

Aurora, aceptó la propuesta. Ahora, transitaban por caminos montañosos y fríos, muy desolados, de caseríos pequeños y flores muy extrañas. Lugares que con solo verlos y cruzar sus miradas, sabían que no era donde querían estar, en tan importantes fechas.

Más adelante, llegaron al Jardín de Girasoles de Temuco. Agotadas, un poco marchitas, estaban. Pero nada que no pudiera ser reparado por el descanso. Así que como ya se acercaba la noche de navidad, iniciaron su carrera contra el tiempo. Cada una asumió una tarea distinta. Aurora se dispuso a organizar la comida y bebida de esa ceremonial cena, buscando los ingredientes de su platos más tradicionales y representativos. Sus amigas se distinguieron por armar la decoración y preparar los rituales.

¡Un pedazo de nuestro jardín aquí ha de florecer! ¡Han de ver nuestros hermanos lo bonito que sabemos hacerlo para que se animen y celebren “a nuestra manera”!

No obstante, cuando comenzaron a elaborar su festín, notaron que algo les había atravesado el pecho en el largo viaje de la carreta celeste, pues en la mesa y en los colores elegidos, habitaba el profundo cuidado de unos por los otros, la oración meditativa, el necesario silencio de páramos, la brisa fría del alma y el alegre amarillo de los girasoles.

Guardaron silencio al ver y verse de nuevo. Honrando y agradeciendo los caminos y sobresaltos. Aportando su riqueza de costumbres y dejándose tocar por los ritos de otros jardines que al final, han prestado su fértil tierra para nuevas siembras.

Esa noche en silencio amoroso, las flores se dejaron abrazar por una nueva tradición y entendieron que donde hay un encuentro, una palabra, una alabanza, unos brazos abiertos y una disposición al complemento…Allí, está Dios…recién nacido…para que la vida siempre esté comenzando.

Y así fue, a la mañana siguiente, como regalo del universo, las flores amanecieron con los pétalos alargados de montaña, brillos intensos de girasol, con la belleza viva de la ofrenda de las oraciones en sus aromas y el tallo fuerte de su jardín originario.

Y cuentan que así, empezaron a poblar la tierra, lo que hoy conocemos como las flores de navidad. 

Sirva este cuento escrito junto Marvin de Los Ángeles Colmenares, como  regalo para una navidad donde florezca la aceptación y el amor por los otros.


Amancio Ojeda Saavedra    //      Marvin de Los Ángeles Colmenares
@amanciojeda                               @marvindelosangeles 

viernes, 6 de diciembre de 2019

¿Seguir esperando?

Hombres que esperan que la lotería les toque; mujeres que sueñan la llegada del amor perfecto; niños que esperan al niño Jesús; pueblos que esperan que entre el caballo de Troya. Gente esperando a que llegue quien les de lo que les hace falta.

Esperar basados en la creencia que los Dioses nos van a librar del mal gobierno; esperar porque es lo que corresponde, esperar porque el miedo es políticamente correcto. En ocasiones la espera se viste de años o se tatúa en la piel la frase “Para siempre”.

La espera también tiene fecha de caducidad. En oportunidades la vida le pone una bomba a la esperanza y  es allí cuando se termina el tiempo de esperar, y la misma que pone la bomba es la misma que reclama que te hagas cargo, que asumas una actitud y posición de ir a buscar lo que entiendes, que es necesario para poder vivir de manera digna.

Los  que consiguen lo que quieren no son los que más que esperan, son los que más salen al encuentro;  los que cambian su entorno  creen menos en  mesías y  más en el poder personal, actúan con bases a principios y, en uno de los que más se apoyan es: hacer el bien para derrocar al mal.

Hemos escuchado hasta el hastío que “los buenos somos más” y ya cuesta creerlo; sin embargo yo sigo creyendo que es así, y en oportunidades, me cuestiono preguntándome: ¿Qué estamos definiendo como “ser buenos”? o ¿Somos “buenos” para qué?

Las formulas políticas-partidistas parecen no funcionar;  la violencia y  los destrozos muestran un camino que lleva directo un “harakiri”; los diálogos con actores carentes de moral y escrúpulos mucho menos;  las suplicas a países hermanos y  organismos internacionales es un verdadero  saludo a la bandera. La democracia ha conducido a desarrollar dictaduras (en varios casos de América Latina) y los golpes de estado lo mismo.

Urge
Los ciudadanos “buenos” estamos llamados a actuar, a dejar de esperar mesías, estamos siendo convocados a desarrollar un sentido  cooperativo más amplio, el mundo  nos envía el mensaje que cuestionemos las certezas que teníamos hasta hoy, en cuanto a como se dan los grandes cambios.  

Luce en los hechos que los extremos cada día se parecen más y,  que las soluciones “express” son una perdida de tiempo; así que es el momento de elevar el nivel de creatividad y pensamiento, de subir el estándar para llegar a las soluciones.

El mundo es un tablero que requiere de gente capaz de borrar las reglas del juego, las líneas, la forma de las piezas y  crear un juego nuevo;  para poderlo  crear se necesita gente despierta, capaz de detenerse y  hacerse preguntas, y que sus respuestas conduzcan a una nueva concepción del fondo y  la forma de hacer las cosas.

¿Será qué nos hacemos dueños de una transformación individual tan elevada que a la maldad diluya entre las cañerías?  ¿Podría haber un “golpe de timón” tan grande que nos haga mirar hacia adentro y sacar de allí lo mejor de cada uno al unisono?

Con más certezas  que dudas creo que llegó la hora de tomarse un tiempo para cuestionar(se) todo, desde las convicciones más teológicas o las terrenales, desde los amores y  los odios, desde lo que sabemos y lo que creemos ignorar, y volcarnos sin espera a las acciones que nos conduzcan a una causa interna, que nos permita mirar los procesos y  soluciones que tenemos a lo individual, para luego mirar a los otros y  juntos o por separados ser más libres, genuinos, humanos y, liderar nuevos niveles de pensamiento, que nos dejen visualizar que somos una verdadera especie humana y pensante.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda