viernes, 7 de diciembre de 2018

Liderando a fuego lento

La cocina es el arte de la paciencia en grandes dosis, de la temperatura correcta, del fuego adecuado, de la calidad en los ingredientes, de las cantidades precisas en el momento justo; del resultado repleto de colores, aromas, texturas y sabores que deleitan al buen comensal. Así es el liderazgo. 

Gocé de un padre que le gustaba liderar y cocinar, era muy bueno para iniciar proyectos con toda energía y creatividad, hacía que la gente lo siguiera, desarrolló el don de la palabra y era supremamente exigente en términos de calidad; en la cocina, tenía la paciencia que no tenía en el trabajo, poseía una sazón particular, hacía sus propias recetas y su menú en los fogones era variopinto; la verdad es que verlo cocinar era una fiesta, y degustar el resultado de su entrega era mucho mejor. 

Un liderazgo basado en eventos fortuitos es posible, ha ocurrido históricamente, y ha servido para bien y para mal. Existen liderazgos que sus resultados y visibilidad es la respuesta a un proceso de largo plazo, que exigieron una serie de competencias que de no haber sido desarrolladas, hubiese sido muy difícil conectar con la gente indicada, y llegar juntos a la visión. 

Cada día me convenzo más que liderar es una disciplina que se ejerce a “fuego lento”, es decir, no se trata de una decisión hoy con los resultados deseados mañana, se trata del cultivo de relaciones y elementos que requieren su tempo para dar frutos. 

Graduando el fuego
Siguiendo esta analogía, y consciente que tanto en el arte de complacer paladares como en el liderazgo, las cosas demoran más tiempo de lo esperado, me hago de la imagen que para el líder el logro de la “visión” es el fin último, es el plato servido en la mesa. 

Un primer aspecto que se toma su tiempo es la “credibilidad”. Que al líder le crean de primer momento es fácil, pero hacerse creíble para que la gente acepte su liderazgo en un proceso de largo aliento, no es tan automático, por lo tanto el líder debe mostrar los valores con mucha congruencia, sobre todo en los momentos de mayor incertidumbre, para alcanzar que su propuesta “cuaje” y se confié en él. 

Para el líder, los cambios de conducta en quienes le siguen es como “estofar” -colocar todos los ingredientes a fuego lento en una cacerola con aceite y otras especies-, dado que en el proceso de liderazgo todas las personas entran con un nivel de madurez distinto, en un sistema que exige que lleguen a una cota de funcionamiento establecido para cada uno; este proceso toma su tiempo y debe ser a fuego lento, para que luego la unión de todos se convierta en los resultados deseados. Lograr que la gente cambie no es una tarea sencilla y cada vez es más difícil lograrlo de manera masiva, así que la intervención de la conducta humana más que una tarea, es un propósito para el líder, dado que es con ello como garantiza los resultados y la armonía del equipo. 

La comprensión en los seguidores de que existe una relación entre “la acción” y “la visión”, es un plato parecido a la hallaca, aunque su cocción final no es necesariamente a fuego lento, el proceso para su preparación es largo, minucioso, fragmentado y luego unido en casi un mismo instante; así ocurre en el liderazgo para que la gente comprenda que toda acción u omisión tiene consecuencias sobre el resultado final; este es uno de los aspectos que parece obvio, y por obvio se omite, trayendo consecuencias nefastas al final. El líder debe tomarse el tiempo para que su gente comprenda cómo sus acciones tienen valor para el equipo y los resultados esperados. Es hora de liderar a fuego lento... pero seguro. 


@amanciojeda 
amancio@alianzasdeaprendizaje.com

sábado, 10 de noviembre de 2018

Influenciar sin popularidad

Venezuela acaba de despedir a una mente brillante, a un pensador radical, a un político que más que popular fue influyente: Teodoro Petkoff (Q.E.P.D.). Fue un líder político que su discurso era usado por otros más populares,  que se aplacaban en su modelo de pensamiento - de manera superficial -   sin reconocer el hombre que estaba detrás de esas ideas.

Quizás porque mi padre me contó sus anécdotas cuando juntos militaban en el MAS; quizás porque cuando tomé consciencia política él era gobierno (junto al Presidente Caldera), y mostraba con frecuencia sus ideas con contundencia, y eso me gusta; o quizás, porque su estilo era un enigma para los que indagamos en el tema “Liderazgo”, es que Teodoro se convirtió para mí en una figura compleja de descifrar, con un pensamiento denso, y un mensaje fácil de entender.

Una de las cosas que ocurría con este pensador inteligente, es que cuando “Tal Cual” estaba en pleno ascenso como medio de comunicación, Teodoro emitía el editorial del día a través de un vídeo, corto pero sustancioso, y luego, en los círculos de conversación se hablaba sobre la opinión de él, la cual parecía una verdad de perogullo, que hasta ese momento había sido obviada por todos; horas más tarde, en los noticieros meridianos o en las redes sociales de ese momento, se veía o leía a un político de moda decir lo mismo que opinaba Teodoro, con otras palabras más rebuscadas. Esta escena se repetía con frecuencia.

Lecciones que dejó
Sin temor a equivocación Teodoro Petkoff dejó un legado más allá de su lucha política y, su obra intelectual expresada en sus publicaciones; también dejó lecciones que deben ser bien interpretadas y practicadas por los líderes políticos, sociales, empresariales o de cualquier índole. Entre ellas:

Evolución a tiempo: El líder debe estar en constante trabajo de transformación personal y, mostrarla en su propuesta de liderazgo. Este líder del que hablamos, cuando les correspondió tomar la lucha armada y clandestina lo hizo; cuando vio que la lucha era distinta, más democrática, menos violenta, de mayores ideas y menos fuerza, dio el saltó y cambió; supo pasar la lucha opositora desde los partidos, para hacerlo desde las ideas a través de los medios comunicación.

Saberse quien es: En una oportunidad le escuché que en el 1983 no había nadie quien tomará la candidatura del MAS para las presidenciales, así que le tocó hacerlo sabiendo que no ganaría. Como líder estaba claro cual era su rol, y asumía los designios del camino político con claridad meridiana, sabiendo cual era el llamado del momento. Cuanto se necesita de esto en los líderes de hoy.

Influenciar sin popularidad: Teodoro fue de esos líderes que generan influencia en el colectivo, y que no son ni tan queridos ni tan odiados por las masas, su popularidad era minúscula si se cuenta por sus resultados electorales (la veces que fue candidato); pero su coherencia, vehemencia y pasión por los ideales que defendía eran de tal volumen, que sólo restaba asentar y seguirle. Él sabía que su personalidad y su forma de decir las cosas parecían tener cadillos, para los que preferían a los populistas y demagogos, y con ello sabia andar sin complejos.

Fue un socialista soñador que despertó; un intelectual que derivó en la política partidista, y el pensamiento critico lo ayudó a escaparse de la prisión llamada: Politiquería. Un economista que se ahorró dolores de cabeza, usando la opinión para decir las cosas “Tal cual” eran; o tan solo un líder ecléctico que sentía a “Venezuela en la encrucijada” y mostraba con su ejemplo que: Sólo los estúpidos no cambian de opinión.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

lunes, 29 de octubre de 2018

Hermano inmigrante

Ser hermanos puede ser biológico o por decisión, en ambos casos prevalece el vínculo y no la condición que estamos viviendo.

Si llegan a ti los sentimientos de que tengo que sufrir lo mismo que tu sufriste (o más), date cuenta que eso no viene de tu bondad; si por el contrario, crees que puedes ayudarme a evitarlos, yo con gratitud recibiré tu benevolencia.

Si en un momento no escucho tus bienintencionados consejos, créeme que no es por nada malo, probablemente sólo estoy buscando una nueva forma de hacer las cosas, quizás ese sea el tiempo que me corresponde de equivocarme para aprender.  

Te pido que no te esfuerces por endosarme tu manera de afrontar el estigma de “extranjero”, ese es un traje que prefiero  confeccionarme a mi propia medida, con mis decisiones, historia, creencias y vivencias. Cuando lo tenga bien confeccionado te lo mostraré.

Que si te tocó hacer varios oficios para los que no estudiaste, por necesidad, para poder vivir, y sientes que eso te hace un héroe o heroína, aplaudo tu historia; que si pasaste frío, calor, hambre, sed, necesidades y estuviste mucho tiempo con la misma ropa, lamento tu historia; que si ahora, gracias a tu  coraje y gallardía estas en un momento de prosperidad y felicidad, bendigo esa historia. Sólo espero que tu historia se convierta en dosis de mayor humildad y menos juicios de valor a quienes vamos en el camino.

Hermano que no te cuente mis dolores, no quiere decir que nos los tenga; que no te cuente mis tristezas, no quiere decir que las lagrimas han bañado mi cara; que no te cuente mis alegrías, no quiere decir que no sonría; que no te diga cuanto o en que trabajo, quiere decir que me sustento por magia o caminos indebidos. Lo que ocurre es que tenemos maneras diferentes de contar nuestras vivencias.  

Te confieso un secreto: Si algo ha hecho este proceso de que ambos decidiéramos abandonar nuestro terruño, es que hoy te admiro más, te compadezco más, te respeto más, te quiero más, te extraño más, te deseo que estés mucho mejor, te libero de mis antiguos juicios, te quito el apellido de “inmigrante” y te dejo sólo el nombre de “Hermano”.

Siempre tu amigo...

@amanciojeda 

viernes, 12 de octubre de 2018

Sombras de un líder

Los líderes como referentes en momentos especiales, suelen brillar y poner de manifiesto sus mejores actitudes y aptitudes al servicio de un equipo. Eso es al menos lo que se espera de ellos; y esto puede llegar a generar la ilusión óptica de un ser “sobrenatural”, de esta fantasía salta un primer riesgo, muy delicado, es la posibilidad que los seguidores crean que es así; y la segunda, que sería una calamidad del tamaño del Amazonas, es que el líder también se la crea. 

Los líderes son seres con luces y sombras, sólo que aprendieron a impulsarse en sus luces y restarle poder a las sombras, ellos no hacen de las sombras su bandera; su referente se basa en otros aspectos más loables y más importantes que aquello que lo opaca como ser humano. Otro factor fundamental en el manejo de lo no deseado del líder, es que suelen ser unos aprendices constantes, y eso marca una diferencia importante al momento de transformar una sombra con su propia luz. 

Durante un tiempo me cuestionaba el hecho de que a una persona que se dedicara al mal como un “pran”, o el que dirige una banda para robar y delinquir, o a un dictador se le llame “Líder”; me parecía contradictorio, dado que los líderes están llamados a transformar las circunstancias para el bien común. Hoy puedo aceptar el término “Liderazgo negativo” y sé que su principal característica es el uso de su habilidades para dirigir con la intención puesta en un objetivo plagado de perversidad. 

¿Por qué la gente sigue a un líder negativo? Porque en medio de las circunstancias nadie se atreve a liderar; porque el poder y la manipulación son usados de manera intencional, para venderle a los seguidores lo malo como bueno; porque las personas consiguen en ese líder más de lo mucho o lo poco que (creen que) tienen. 

Cuando de liderar se trata, es necesario conectarse de manera consciente con los principios, y que éstos estén alineados a una misión y visión realmente positiva y saludable, en todos los sentidos y para todos los involucrados. 

Como hago mención al inicio, todos como humanos tenemos nuestras sombras, así que en todos hay un poco de perversidad, nadie es 100% bueno o 100% malo, lo importante es reconocer que como líder tengo la posibilidad de surcar las sendas de lo que nutre o lo que destruye, tengo la decisión de usar los valores que edifican o los antivalores que destruyen. 

Seguidores inteligentes
Quien sigue a un líder debe ser cada vez más inteligente, persuasivo, suspicaz y realista, y para lograr lo anterior le sugiero considerar lo siguiente: 

A) Cuestiónese, ¿para qué sigo a esté líder? 

B) La conexión con un líder suele ser emocional, no permita que ese vínculo supere de manera desmedida la lógica y la realidad. 

C) Antes de escuchar al líder y decidir creerle, observe cuán coherente es. 

D) Sepa que es un ser humano y que tiene sus luces y sombras, no se haga la fantasía de que es un ser perfecto. 

E) Revise sus valores y valide la acciones a las que invita el líder, si están en la misma dirección: sígalo. 

F) En oportunidades se hace una satanización sobre algunas condiciones humanas, que no son necesariamente una zona oscura o negativa del líder. Aprenda a separarlas. 

G) La fama no es garantía de liderazgo, le sugiero seguir a líderes más que a famosos. 

Un seguidor inteligente es ese que sabe que junto al líder crece, aprende, transforma una realidad para mejor y, mejora su calidad de vida, sin hacer uso de las miserias humanas, la perversidad y amoralidad. Ser un seguidor inteligente es una forma de liderar. 

@amanciojeda 
www.amanciojeda.com 
amancio@alianzasdeaprendizaje.com

sábado, 29 de septiembre de 2018

¡Intervención Ya!

Se nos hace urgente. Debe haber un cambio dramático en la manera en que nos aproximamos a las nuevos tiempos, ya no basta con una actitud apoltronada en el sofá de las convenciones sociales y, seguir dormitando entre las cobijas de las apariencias. Que comience un proceso de intervención en el pensamiento de los ciudadanos y líderes.

La intervención tiene que llegar hoy mismo, y propongo iniciar con cuestionarnos como hemos estado viviendo, a partir, de como hemos concebido nuestra red de pensamientos. Para este tipo de intervención debemos hacernos preguntas que nos desafíen, y nos muevan de la comodidad de los lugares comunes.

Iniciemos con estas interrogantes: ¿Cuánto crees y cuánto verificas lo que lees, ves y oyes en los medios de comunicación y redes sociales? ¿Eres consciente del nivel de influencia que tiene en tu emocionalidad una noticia (sea buena o mala)? ¿A qué le das más poder, a tu poder o al del otro? ¿Te estas haciendo cargo de cambiar las cosas o estas siendo victima? ¿Es la queja tu tema de conversación predominante? ¿Hablas mayor tiempo sobre la crisis o sobre tus planes y acciones?  

La intervención de nuestra manera de pensar, tenemos que hacerla para evitar creer que vivimos entre héroes y villanos, y decidir vivir como escultores de esta hermosa oportunidad, de estar durante un tiempo en este plano físico.

Mi propuesta es un proceso de rupturas de esquemas mentales, esos que:
1) Promocionaban y comprobamos en calidad de oferta que: “El logro viene desde el sacrificio” es decir, para poder ser feliz hay que primero sufrir. Ser feliz es una manera de relacionarse con el mundo desde lo que se es, y nada tiene que ver con el sufrir, que es la manera relacionarse con el dolor.

2) Nos adoctrinaron la vista y creímos que la estética es más duradera que la coherencia, y por ello, seguimos a personas con una estética “impecable” en los cuerpos, en las palabras, y en el uso de los medios, que luego, se van desfigurando, gracias a la cantidad de incoherencias  acumuladas. Busquemos la coherencia, que seguro la estética será una de las consecuencias.

3) Con nuestro permiso nos tatuaron el anhelo de “la libertad”, como una búsqueda a toda costa, sinónimo de la posibilidad de hacer lo que nos venga en ganas, aplicado de manea individual y social. Cada acto humano nacido en la libertad de elección, está atado a la responsabilidad.

Intervengamos nuestras creencias para comenzar a vivir sabiendo que: no se trata de sufrir, sino  de vivir lo mejor posible cada día. El foco debe estar en la coherencia y no en la estética perfecta. Primero hagámonos responsable para luego poder actuar en libertad.

La intervención de la consciencia nace en cada padre y madre, y en los hogares que son capaces de transformar; en el cambio del sistema educativo; en la misiones de vida que se plantean los individuos; en la elevación de la moral individual a través de la posibilidad cuestionarse; en la edificación de líderes que sean capaces de inspirar a objetivos, que priorizan lo humano.   

Pido que la intervención llegué diligentemente, comenzando con nosotros mismo de manera poderosa, para liberarnos de las dictaduras: mentales, mediáticas, religiosas y políticas.

Me atrevo a convocar a esta intervención intentando contribuir, también, para acudir a mi necesidad profunda de transformación; y a usted querido lector lo libero de pensar que lo anterior es la verdad, eso, es sólo mi “Lego pensamientos”, y como bien lo escribió Ernesto Sábato: “El Universo de que se habla aquí es mi Universo particular y, por lo tanto, incompleto, contradictorio y perfeccionable.”  

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

domingo, 23 de septiembre de 2018

Se Buscan “Cara de oreja”


En mi Maracaibo querido, siempre escuche: “Fulana tiene Cara de Oreja”. Así de una forma metafórica, explicar que era una persona a quien mucha gente le confía sus problemas, penas y preocupaciones, sin que esta tenga la confianza, la autoridad o las competencias para ayudarlo a resolver dicha situación.

Lo  cierto  es que yo tengo “Cara de Oreja”, más allá de mi labor como coach, desde siempre cuando estaba en otras áreas que no pertenecen a la conducta humana, servía  de escucha  y consejero de muchos, hoy más que nunca sigo teniendo la misma cara.

En días pasados estando de Vacaciones con mi familia, hice uso de un taxi que era conducido por una joven muy agradable, confieso que no habían pasado  20 minutos de estar con ella, cuando comenzó a contarme toda su vida, desde su matrimonio fallido, sus distintas mudanzas,  su realidad como madre, y terminó con su muy reciente despecho por una relación que no funcionó; mi sorpresa por la confianza otorgada fue grande, pero mi aprendizaje Mayúsculo estuvo  en reflexionar sobre la necesidad tan grande de la gente de ser escuchada.

¿Para qué sirven los “Cara de Oreja”?

Basado en la gran necesidad de la gente, llena de estrés y ante el incremento de vivir a un estilo “fast food”, donde todo debe ser rápido, forzando resultados a procesos que deberían tomarse un tiempo mayor; se requiere de gente que esté dispuesta a escuchar a los demás, sin la obligación de aconsejar.  

Es preciso que se comprenda que el aconsejar es un acto de buena voluntad, pero no  necesariamente efectivo, ya que quien ofrece un consejo lo hace desde su visión personal, forma de actuar y experiencia de vida; y esto puede que no funcione  para otros.

He comprobado que en muchos casos, con solo escuchar atentamente, hacer un par de preguntas para buscar mayor comprensión y, demostrar que estoy realmente interesado en su planteamiento, ha permitido que la gente se sienta aliviada y en otros casos (por curioso que parezca) hayan encontrado  una salida a la situación planteada.

Tener la condición de “cara de oreja” puede llegar  a ser en oportunidades incomodo, retador o comprometedor, pero de lo que estoy seguro, es que sobre todo se aprende y práctica la habilidad de escuchar y preguntar, más que juzgar.     


Amancio Ojeda Saavedra 
@amanciojeda 

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Es más fácil ser Radical

El siglo XX ha sido la época de la humanidad más fértil en cuanto a los aportes ofrecidos por la ciencia, las artes y todas las corrientes del pensamiento; se dieron saltos gigantes en cuanto a lo tecnológico y ha servido para enormes conquistas sociales, a pesar de esto,  seguimos sin encontrar un eslabón necesario para la solución de los conflictos de la convivencia en sociedad.    

Los tiempos nos han hecho la vida más fácil, y en varios aspectos han complejizado la convivencia humana, y  para ello, el ser humano y en conjunto la sociedad acuden al lugar más fácil: la radicalización.

Ser radical es tener una sola mirada y plantarla de forma inamovible sobre una situación dada; en esta posición no caben razones distintas, no hay medias tintas, no hay derecho a puntos medios, o se es o no se es. El radical se cree el lado  más opuesto de lo que adversa, y a mayor distancia, cree que es mejor. Cuando las distancias son tan lejanas en función de un punto de vista, es mucho más difícil conseguir puntos de encuentro y solución.

Plantarse en una esquina creyendo tener la verdad y la razón, es mucho  más fácil que desarrollar conductas más civilizadas y  armónicas, tales como: la tolerancia, la flexibilidad, la escucha empática, el reconocimiento del otro, la paciencia, la democracia, la humildad, la negociación y, el compromiso por la paz.  

Nada es más fácil que creer tener la razón, y en oportunidades esto sirve para alejar a la gente, ya que “la razón” no es garantía de acuerdo y convivencia armónica, para esto se necesita mucho más que poseer la razón y  estacionarse de manera inflexible en la acera de en frente.

En tiempos de conflicto, quienes tienen una postura comedida y libre de “Radicalización” son excluidos, vilipendiados, y sacados del juego; esta conducta parece crear un disturbio en las mentes de quienes prefieren los extremos.

Liderazgo radical
Lo antes expuesto es observado en todos los ámbitos de la vida humana, en todas las razas y culturas, en grandes sociedades y en pequeñas familias, y parece estar tatuado en un incontable número de líderes, que paradojicamente son los convocados a conducir a las personas a una mejor forma de vivir.    

Líderes que saben lo nocivo de la radicalización, pero prefieren estar allí antes que flexibilizar su posición y asumir el riesgo de ser percibidos como: traidores, débiles, o cualquier otro adjetivo que los califique mal antes sus seguidores. Muchos seguidores aman a sus líderes por ser radicales, demostrando ambos de esta manera conductas deshumanizantes.

Un líder que muestra su postura radical, deja en evidencia su miedo a convivir con quien le “parece” distinto, y con ello, revela su barrera mental para co-crear en un mundo que llama a la diversidad y la ruptura de fronteras étnicas que hoy no suman.    

Los líderes están convocados a abrir puertas y caminos que conduzcan a nuevas y mejores alternativas; a cerrar ciclos de conflictividad y decadencia de la calidad de vida humana; a desempañar las ventanas para ver nuevos horizontes; a corregir los entuertos que se crearon producto de no conseguir salidas armónicas a tiempo. Los líderes son ideas y acción sin necesidad de radicalización.

Creo en los líderes y ciudadanos que cada día aprenden a ser más libres de la esclavitud que provoca la radicalización; apoyo a los que suman, a los que tienden puentes; a los que se sienten tan iguales que el que piensa distinto, por ello, lo respeta.

Radicalismo no es sinónimo de firmeza; firmeza no es sinónimo de poder; poder no es sinónimo de liderazgo; liderazgo es un camino a la solución,  y soluciones es lo que necesitamos.     

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda 

sábado, 7 de julio de 2018

¿Quién retroalimenta al líder?

Es muy común que sean los líderes de equipos o los dirigentes de las organizaciones, los que hagan un ejercicio de retroalimentación a quienes le siguen o dirigen.

En el mundo del Desarrollo Organizacional han surgido muchos y buenos modelos para retroalimentar de manera eficaz a un colaborador, y la verdad, es que hacerlo bien genera sus resultados positivos. La mayoría de los enfoques tienden establecer como principio de la retroalimentación el poder y la autoridad, suavizando la forma de hacerlo.

Me cuestionaba sobre la situación siguiente: Si el jefe está haciendo mal su trabajo ¿El empleado tiene la oportunidad de sentarse en una conversación y decirle lo que está mal, llegando a establecer un plan de mejora y hacerle seguimiento? La mayoría de los casos creo que no goza de ese nivel de confianza y apertura por parte del líder; pero  es probable, que en la estructuras jerárquicas, exista una persona ubicada en el escalón inmediatamente superior del organigrama, que tenga esa potestad y responsabilidad; así que debo  dar por entendido que el jefe también recibe retroalimentación. Y cuando ya se acaba la estructura ¿Quién retroalimenta al líder?

Una de las nuevas propuestas es hacer de la retroalimentación un hábito de la comunicación, de manera indistinta a la estructura y los niveles de autoridad existentes, lo que importa es que se cumpla, para que las cosas buenas pasen.

La “Retroalimentación apreciativa” como modelo tiene fundamento en el concepto de los “Diálogos apreciativos”, ese que desarrollaron con mucho tino David Cooperrider y Ronald Fry a mediados de los años 80.

Generar dentro de los equipos una cultura de “Retroalimentación apreciativa” ofrece las ventajas siguientes: una manera de horizontalizar las relaciones; estimular el crecimiento y la mejora continua; eliminar las barreras comunicacionales, sacando del “juego” la mentira y la excusa; combatir la procrastinación; hacer foco en lo sano sobre lo endeble; poner la mirada en las soluciones más que en los problemas; resaltar lo que se tiene y logra, sobre lo que hace falta; estimular la asertividad con creatividad; hacer de la humildad un valor visible; pasar del conformismo funcional a la aspiración alcanzable; entre muchas otras.

Se requiere menos esfuerzo de lo que se cree para establecer esta cultura de la “Retroalimentación apreciativa”, dado que las personas en un mínimo de sanidad mental se acostumbran fácil y rápido a lo bueno, los colaboradores o miembros de una comunidad prefieren que sus oportunidades se abran desde un punto de partida optimista, sin la necesidad de iniciar desde un punto cero.

Una sencilla manera de implantación de la “Retroalimentación apreciativa” en la cultura de una persona, un equipo, una empresa o una comunidad, es ir de menos a más, es comenzar desde el ser para pasar a lo colectivo, y de esta forma lograr la expansión. Puede leerse como un proceso lento, pero la verdad es que más rápido que de lo que se piensa, dado que es muy intuitivo, flexible y reconfortante.

Hoy cuando me corresponde hacer una retroalimentación, me enfoco en lo que quiero que ocurra, restándole poder a lo que ocurrió y no me gustó, la retroalimentación me abre espacios de conversación donde sé que ambos salimos siendo mejores personas, y eso tiene un valor infinito para quienes nos gusta cada día ser un mejor ser.  

Sean los líderes los primeros en promover la “Retroalimentación Apreciativa”, practicándola y abriéndose a recibirla; el liderazgo se hace grande cuando el líder abre su alma noble para aprender, cambiar y, así servir como un mejor líder.   

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda       

viernes, 16 de marzo de 2018

Salí del closet

Corrían los días de diciembre de 1982, en medio de una celebración improvisada, mi madre me había preparado para decirlo y como siempre contaba con todo su apoyo, sólo se requería que llegara mi papá y que mi valentía se abriera paso entre el miedo que me hacía sudar frío -en Maracaibo. Me tocaba decirle a mi padre que ya no quería estar más allí, que deseaba salirme y vivir mi vida de manera libre, me sentía enjaulado, presionado, inconforme, enfermo. 
En medio del jolgorio navideño, con tan solo 12 años se lo dije, mi padre se enfureció, refuto, se negó, dijo que “NO”; así comenzó la sampablera, terminé siendo golpeado, creo que fue la paliza más grande que me dio en la vida, hubo gritos, empujones, llanto, acusaciones, amenazas, y dolor… pero me salí con la mía, no volví a la “Escuela militar 4 de agosto” en la población de Colón, Estado Táchira. Eso de la vida castrense no era lo mío. Probablemente esa sea mi primera salida del closet. 
Aunque se ha estereotipado la frase “Salir del closet” a una referencia sobre los favoritismos sexuales, yo creo que todos tenemos y vivimos con más de un aspecto intimo dentro del closet. 
“El closet” guarda una vida en secreto; algo que nos hace feliz, que nos brinda placer y alegría, que muestra nuestro actuar con más coherencia con lo que somos; pero la sociedad o el entorno rechaza esa forma de ser, la juzga, la niega, la convierte en pecado. No queda más remedio que vivirla a escondida, encerrado en claustro tormentoso de las paredes de la mente y el corazón, en el secreteo, usando una fachada creíble para no ser descubierto.  
Hijos que estudian carreras completas, sólo para complacer los deseos de sus padres, y jamás la ejercen una vez que se gradúan. Mujeres y hombres infelices que viven matrimonios de apariencias, de conveniencia, de sumisión. Vivir preso en la práctica de una religión por tradición familiar, queriendo experimentar otra o ninguna. Quedarse anclado en la doctrina de un partido político, repitiendo como loro un discurso en el que no se cree, porque es preferible degradarse de esa manera, a saltar la talanquera. Personas que soportan a jefes que quisieran mandar al infierno, pero prefieren eso a quedarse sin empleo y sin estabilidad. 
Cada ser humano tiene en sí más de una cosa guarda en su closet emocional, que si lo saca al mundo sentiría una sensación de libertad indescriptible, pero no lo hace por muchas razones, entre ellas, es que guardarla tiene sus ganancias, la primera, escaparse del rechazo del entorno social y afectivo, y la segunda, evitar el dolor emocional (y físico en muchos casos); solo para mencionar dos.   
Nadie está obligado a salir del closet, ni hay un tiempo preciso, ni edad, ni las condiciones perfectas para hacerlo. Cada quien decide vivir su vida a su mejor manera, y la madurez le va dando las pautas de cuándo liberarse de las ataduras, y así poder dar el paso que lo saca de la sombra (in)cómoda del closet; con un miedo menos; con una conquista más; con gente que se aleja; con afectos que se pierden; con personalidad que se gana. 
Este acto de honestidad, exige una gallardía gigantesca, y para muchos será el acto más grande que pueda hacer en su vida. En muchas oportunidades la verdad personal, puesta a la luz de una sociedad miope, puede costar una muerte social y una emancipación humana.  
Como personas tenemos nuestros lados brillantes y nuestras zonas oscuras, cada quien decide qué hacer con esto que nos conforma, lo importante es distinguir entre unos y otros, y sacarle el mayor provecho en función de nuestro ser. ¿Cuántas cosas están en tu closet, que le quieres gritar al mundo? 

@amanciojeda 
www.amanciojeda.com

martes, 6 de marzo de 2018

Aprovecharse del miedo al juicio


Gocé de un padre graduado en letras, apasionado por la lectura y la escritura, ambas cosas las hacia bien. Mientras escribí mi libro lo hice sin decirle nada, no lo involucré en ese proyecto, y eso me hacía avanzar con miedo, pero avanzar. Se enteró de mi obra cuando le llegó la invitación para el Bautizo.

En una oportunidad un cliente mi pidió un curso sobre un tema del cual no tenía ni la menor idea, para no lucir desactualizado, le ofrecí la propuesta para ese mismo día, y cuatro días después, con muy pocas horas de sueño en mi haber, estaba dictando curso de 16 horas. Salí airoso, y esa cadena de hechos de una semana, me dejó como resultado: Un producto intelectual fantástico, que se convirtió en el curso más vendido de mi empresa entre el 2007 y el 2011.

En las dos situaciones planteadas anteriormente hay un elemento que coincide, y que es el tema a tratar: el miedo al juicio de valor. Acto que ha sido satanizado, y que, en oportunidades, no es tan nocivo como lo plantean.

Los juicios de valor, pueden hacer que las personas se paralicen o, como en muchos casos, despierte una serie de posibilidades de crecimiento.

El miedo a la opinión de mi padre sobre escribir un libro era tan poderoso, que me invitó a continuar en silencio y rápidamente, para llegar al objetivo. Así mismo, el miedo al juicio de mi cliente, que me dejará en evidencia que no sabía de un tema tan actual, me puso a estudiar por tres días mientras iba diseñando el curso, y el resultado fue un excelente producto. El juicio de estos actores no era mi motivación principal, yo quería escribir un libro, y servir al cliente, pero sin duda que el miedo “al dedo acusador” era un ingrediente que jugaba un papel importante.

Vivimos en un mundo de juicios, y así será por siempre. Eso es lo que nos permite agruparnos y convivir, acercarnos a quienes “se parecen” a nosotros, y alejarnos (al menos eso creemos) de los que son diferentes.

Transforma el miedo
Para fluir con el miedo al juicio de valor, no se requiere buscarle interpretaciones profundas, o hacer una travesía a las catacumbas de la memoria de los miedos infantiles, a ver dónde está alojado y desmontarlo; tampoco, es cuestión desglosarlo en silabas y revisar la entonación y el significado de cada palabra, para comprender de manera exacta e impoluta lo que el otro quiso decir. Estas investigaciones tan densas como válidas, son útiles, son transformadoras, y son de proceso y tiempo, pero, en ocasiones, un juicio no tiene tanto poder como para hacer de él un melodrama digno de una telenovela, o un proceso de sanación.    

El miedo al juicio de valor es del tamaño y la fortaleza de tu autoestima. Es posible convertirlo en un aliado, desde su esencia natural, sin transformarlo en sí mismo, sino hacer lo necesario para que te transforme a ti, en la dirección que deseas.
La capacidad de transformación personal, se basa en pasar de un juicio a otro, de una creencia limitadora a otra potenciadora, de un pensamiento paralizante a un movimiento de avanzada.

Cada vez que veo venir una bandada de juicios de valor, y que intuyo que me pueden restar posibilidades, recuerdo la oportunidad en que me mudé de Maracaibo a San Cristóbal, me dijeron todo “lo malo” del gentilicio Tachirense, yo decidí creerles, y me costó mucho la adaptación a esa ciudad y a su gente; cuando yo cambie, cultive las relaciones y las amistades más genuinas de mi vida.

Deja al otro con su juicio, esa persona tiene derecho a ser y opinar como mejor lo desee, y tú, asume tu derecho a creer o no. Cuando veas venir un juicio de valor, baila con él, y en el momento indicado suéltalo y déjalo que baile solo.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

jueves, 1 de marzo de 2018

Leitmotiv contra una dictadura.


Las dictaduras se caracterizan por usar muchas estrategias, y hay una de ellas que siempre les funciona, y que por su sencillez lo hacen con mucho tino, me refiero a: lanzar un “trapo rojo”, que no es más que:  hacer lo que sea necesario - por significativo o estúpido - para distraer la atención de lo que es realmente importante.  Esto se lo aprenden como un mantra, lo usan, lo usan, y lo siguen usando, mientras van logrando el sometimiento del pueblo.

La historia universal está repleta de ejemplos, donde las dictaduras distraen a la población con “trapos rojos”; la cantidad de formas que toma esta práctica es casi infinita, y los opresores al mando, cuentan con una “sala situacional” dedicada a crearlos y adaptarlos a los momentos que se viven.

Una de las razones por las cuales es tan espinoso lograr la libertad en tiempos de dictadura, es producto que quienes le adversan carecen de enfoque, dado que no logran un único “leitmotiv” para concertar un plan y convocar a la gente alrededor de esa única emoción, que respalda un sinfín de razones.  Un “leitmotiv” es una macro Inspiración, que logra emocionar a todos de manera permanente y terca, antes de caer en la distracción del nuevo “trapo rojo”.

Siempre he imaginado a los estrategas de las dictaduras, cada vez que lanzan un “trapo rojo” y se dan cuenta que ha funcionado, celebrar entre: licor, comida y risas burlonas; y desde una ventana, observan a la gente distraerse. Y quienes intentan liderar el cambio: se desarticulan, pierden la confianza en ellos mismos, se diluye la credibilidad y, se “evaporan” en el nido de mensajes contradictorios.  

Cuando una dictadura corre la suerte de contar (o haber secuestrado) todos los poderes civiles y militares, la solución deja de ser política y pasa a ser ciudadana, es decir: involucra a todos de manera unísona, y toma tanta importancia las acciones de reivindicación de los derechos de un sindicato, como la protesta de un grupo de ancianos por la precaria calidad del sistema de salud, o las acciones internas y externas de un partido político.

La solución
Quienes pretendan derrocar una dictadura, deben agruparse en función de un ideal, y luego, elegir el actor más adecuado para llevar el mensaje, que convenza a todos de luchar en una sola dirección.

Se trata de un leitmotiv consistente, acompañado de un sólido liderazgo, una única voz, que al unirse sea más grande y sonoro que cualquier “trapo rojo”; tan poderoso que permita agrupar a propios y extraños; que vaya de lo genérico a lo especifico; que no deje fisuras abiertas para que se cuelen ideas distractoras; un leitmotiv que concentre a la gente en variopintas maneras de luchar, en función de un mismo objetivo: la libertad.

Debe existir un sentimiento colectivo que ese es el camino, y la referencia mayoritaria no la hacen sólo los actores políticos y sus partidos, también, la hacen los ciudadanos afectados (agrupados o no) en cada rincón del tejido social.

Los egipcios en el proceso de derrocamiento de Hosni Mubarak (2011), apelaron a un leitmotiv: “La esperanza de vivir mejor logra derrocar el miedo”.  Lograron poner de manifiesto ese sentimiento en la población, se hizo viral, todos los líderes usaban ese mensaje, los políticos y militares conscientes hicieron su trabajo y ejercieron presión, la ciudadanía se creyó que era posible tener esperanza y salir de un gobierno que los mataba de mengua, y así, coronaron el cambio que ese país pedía en “gritos de silencio”, hasta que cambiaron el miedo por la esperanza.

Comparto contigo esta duda: ¿Cuál será el mejor leitmotiv para derrocar una dictadura en estos tiempos?

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda