lunes, 9 de octubre de 2017

Ya no era la misma



Comenzó la mañana con ese dolor intenso que la aturdía. Era como habitar en algo que se despedazaba. Ya no era la misma, su apariencia sólida y atractiva había dado paso a esa forma indefinible y distorsionada en la que se había convertido. 

Siempre se creyó impenetrable y en su soberbia, se oponía a toda capitulación. No aceptaba estar así, casi abierta, derramada, mostrándose desde la fragilidad de su centro. 

Pero era inevitable. Todo en ella estaba roto. Partida desde adentro, ya no se reconocía a sí misma en su expuesta reversibilidad. Aquello que en algún momento la hizo sentir fuerte e inquebrantable, ahora se tornaba en vulnerabilidad. Se sentía sofocada, bajo tierra. 

Así que se rindió, decidió entregarse, abrirse, desmigajarse, reventarse. Transitar el túnel en cuyo final le esperaría la luz. ¿Cuán misterioso, doloroso, mágico, terrible y milagroso puede ser el acto de crecer? 

Dejó de resistirse, asintió y se entregó a su destino, sólo para descubrir, que se había vencido su tiempo de ser semilla.
Y germinó…


Este cuento es un aporte que hace Marvin de los Angeles Colmenares (@marvindelosangeles) a este sitio. Gracias maestra por tanta sabiduría en tan hermoso relato.
 

viernes, 29 de septiembre de 2017

Dos líderes mueren, un país agoniza…

El pasado 21 de septiembre, a la tierra Guajira venezolana se le fue para siempre una hija, perdió una mujer que se dedicó defender sus raíces hasta su último aliento, logró enaltecer el gentilicio Wayúu; entre sus tareas estaba liderar y comunicar los valores de su gente, desde su emprendimiento, el periódico Wayuunaiki; durante 15 años lo hizo crecer, logró que se colara por las fronteras y llegara al mundo, buscando, que muchos voltearan la mirada y se dieran cuenta que en la Guajira hay, más cosas positivas que negativas. Se fue de este plano la princesa de la prensa guajira, Jayariyú Farías Montiel, con tan sólo 39 años y un millón de sueños por construir.
Luego, la noche del 25, fue más oscura que de costumbre, Valencia sintió el cese físico y desprendimiento espiritual de un hombre inteligente, noble, humano y divertido; un amoroso hijo; era un orador de alto nivel, me consta, lo vi hacerlo en grande representando a Venezuela en la conferencia de las Américas en Panamá (1999), cuando era un joven de 23 años; hizo una carrera profesional impecable, gestionando los recursos humanos en una empresa transnacional; el último año se dedicó a servir al prójimo a través de distintos proyectos comunitarios, invirtió tiempo a ser más libre, y a contribuir con el aprendizaje de otros; con tan solo 41 años se despidió a su manera Raúl Eduardo Oliveira F. ¡Buen viaje Raúl!
Estos seres de luz y almas gigantes compartían el mismo credo, el credo que yo comparto, el de la JCI, a ambos los conocí desde que eran estudiantes universitarios; con ellos y sus misiones de vida me nutrí, por eso los quiero, y sé que Dios los tiene bajo su cuidado. Deseo que el Todopoderoso le dé mucha fortaleza a sus familias y más cercanos afectos.  
 
Una pregunta
En una conversación sobre el tema: “Es lamentable, 2 personas importantes para nuestra organización mueren este mes. ¿Es esto una representación de lo que está pasando en Venezuela? Yo creo que sí pana”. Rafael Guzmán G. me lanza esta pregunta y su afirmativa respuesta. Tomé aire para recuperarme y procesarla, me uní a su respuesta, y seguí lamentando estas pérdidas.
Como toda pregunta poderosa, no te la puedes sacudir del presente, te acompaña como una sombra, te atormenta como un zapato que aprieta, y hasta que no te haces cargo de ella, no te suelta.
Ellos trabajaron por Venezuela, y ambos quisieron sortear la tragedia de la falta de medicamentos en el país y un sistema de salud decadente, la patria no estaba lista para servirles cuando ellos lo necesitaron. Un sistema de gobierno que no puede garantizar la salud física y mental, la sana alimentación, y la seguridad de sus habitantes, es responsable por cada enfermo y por cada muerto.
Venezuela agoniza. Muere de indolencia en manos de quienes tienen el poder y manejan los recursos; ya la farsa que son gente de pueblo es cada día más hedionda a muerte, y eso los deja en clara evidencia que son el peor cáncer de esta dolida y enferma nación.
Raúl y Jayariyú dejaron escrito con tinta indeleble su legado a la sociedad a la que se debían, y a estos dos indiscutibles líderes los necesitábamos más tiempo aquí, cumpliendo con su misión, y dándonos el ejemplo de  que “Servir a la humanidad es la mejor obra de una vida” (parte del credo de la JCI).
Amigos, vuelen en paz, sus legados son más grandes que el de la mayoría, también sé que ustedes sentían que era poco, para todo lo que ustedes soñaban y trabajaban sin desmayo.
¿Cuántos líderes como estos han muerto? ¿Cuántos más faltan? Dos líderes mueren, un país agoniza…

@amanciojeda  

martes, 27 de junio de 2017

Tiempos malos



Cuando la vida, el universo o, vaya usted a saber quién nos nubla la visión, se nos cierran los caminos,  y todo nos sale al revés;  cuando  el mundo se nos hace grande y las salidas angostas; en esas temporadas (que parecen eternas)  que de manera recurrente nos invitan a hacernos la interrogante: ¿Por qué todo esto me pasa a mí?  Buscando una explicación a tantas circunstancias para un solo cuerpo, surgen igualmente otras preguntas: ¿Qué hacer? ¿Por dónde comenzar?  Entre otras.  

Sin duda que no hay  recetas mágicas, ni pócimas, ni bebedizos; en la farmacia no venden todas las soluciones, y los cajeros automáticos nos dispensan billetes de paz interior. Estos tiempos malos exigen tanto, que de sólo pensar cuantas cosas pasan y  cuantas cosas se necesitan para resolverlas, la mente se agota, el cuerpo trabaja con la reserva de energía, y el espíritu se opaca.   

La cotidianidad está llena de “sabios” consejos, que se conocen desde siempre, y que quienes escuchan tu lamento, te los repiten, para darte una bocanada de esperanza. Los refranes y consejas populares son una muestra, aquí algunos de ellos: “Al mal tiempo buena cara” “Todo pasa” “Si tiene solución no te preocupes, y si no tiene, entonces: ¿Para qué preocuparse?” “Dale tiempo al tiempo” “Con preocuparte no ganas nada” “A grandes males, grandes remedios” “Al mal paso darle prisa”. Y así podría continuar mencionando expresiones  que sabemos y nos repiten con la mejor de las intenciones. Yo debo confesar, que cuando vivo esas temporadas desafiantes, y alguien, desde su mejor intención, acude a uno de estos lugares comunes, mentalmente me pregunto: ¿Aplicará así de fácil esto que me dice cuando él (o ella) anda en una “mala racha”?

Que me funciona
Como todo ser humano he pasado por varias temporadas como las antes descritas, incluso, por “tornados existenciales” que parecen ser más complejos y angustiosos que una quiebra económica. Hoy he desarrollado algunas prácticas que me funcionan, y no porque a mí me funcionen le tienen que funcionar a otros. Las comparto a modo de cada quien se sienta libre de practicarlo, y sobre todo, invitarlos a escribir “su método de resiliencia”, dado que cuando se escribe, lo abstracto del pensamiento toma forma y sentido. 

Primero, vuelvo a mí: Una de las cosas que hacen las circunstancias complejas, es alejarme de mí mismo, y me pierdo en pensamientos y acciones que carecen de sentido, para el momento que estoy viviendo.  

Cuando me doy cuenta que estoy aturdido, busco de manera consciente salir de rol de víctima, me digo: ¡Alto de pobrecito yo! Y me hago responsable de lo que ocurre. Escribo un inventario de todos los flancos abiertos, y de los recursos que tengo para cada caso. Es una forma de inventario personal sobre los recursos materiales, intelectuales y emocionales con los que sé que cuento. Hacer un mapa mental me ayuda a ver todo más claro e interrelacionarlo. 

También, comprendo que no soy sólo y que me es permitido pedir ayuda; lo hago desde invocar y pedirle a mi amada Virgen de Chiquinquira, dándole fuerza mi fe. También, y sin complejos ubico a los posibles aliados, para tenerlos identificados al momento de necesitarlos. Este hito me pone los pies sobre la tierra, me deja ver exactamente donde estoy. 

Segundo, activo el buscador de soluciones: Comienzo  a darle orden e importancia a cada situación que merece mi  atención, les resto poder a las que no merecen mi tiempo,  y traigo al consciente las que estaba ignorando o evadiendo. 

Desgloso cada problema  y comienzo  a  pensar en soluciones, en vías alternas sin violar mis principios; me cuestiono el modo en que estoy resolviendo, para ver si consigo nuevas formas de ver “la luz al final del túnel”. 

Aquí también hago algo que me abre nuevas ventanas, llamo  algunos amigos que son modelo de pragmatismo, de esos que no  se enrollan, son creativos y  las soluciones las tienen a  flor de piel. Otra opción que uso con frecuencia es llamar a uno de mis Coach, y con sus servicios me nutro y veo nuevas opciones. 

Finalmente, me pongo en acción: sé que por mucho que desarrolle unos planes que parecen “perfectos”, esos tiempos se caracterizan por cambiar el orden de las cosas, eso ya no me saca de mi  centro. Me pregunto: ¿Es realmente una emergencia? Y si   lo  es, atiendo esa situación que no puedo eludir, y vuelvo a mi plan, a las acciones diseñadas, me empeño en solucionar una cosa a la vez. No importa las veces que vaya  y venga (a las emergencias), volver al plan me genera orden en medio del caos.  

Los pasos descritos, me ayudan de manera “sencilla” a pasar esos tiempos malos, a vivirlos con más enfoque y con menos ansiedad; esta guía me permite avanzar, y poderlo notar.  

Vistas desde lejos todas las crisis se parecen, pero cuando estamos cerca, la diferencia la marca el ser en que nos convertimos cuando  salimos de ellas. Querido lector: ¿Cuál es su método para superar los “tiempos malos”? 

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

domingo, 25 de junio de 2017

¡Prohibido correr!


Estudiaba cuarto grado en mi natal Maracaibo,  en un colegio inmenso, con un patio increíble, áreas verdes, arboles de matapalo que daban sobran y sus ramas servían para guindarse y columpiarse, sólo estudie ese año; como  cosa extraña, a pesar de todas las bondades para la distracción, las normas regían de manera estricta, que estaba prohibido correr durante el recreo. 

Cada día, al regresar del recreo, yo ya sabía que me esperaba,  hacer 50 o 100 planas (de acuerdo al humor de la maestra) que decían: Está prohibido correr en el Colegio. Ese fue el año que sirvió para terminar de dañar mi ya maltratada caligrafía; también sirvió  para odiar a una maestra, que quería lograr el cumplimiento de una ley, a través del castigo. 

En una oportunidad, mi madre me dijo que no las hiciera (Me invitaba a desafiar al poder), sino que crearíamos lo siguiente: una cartelera muy colorida, donde yo colocara “Las normas del colegio”, ella me ayudó y la hicimos, quedó esplendida, y a la maestra le gustó el resultado; tuvo efecto sólo por una semana, a los días siguientes estaba yo haciendo planas. 

Visto  a la distancia: Esa ley era inútil; debí ser un dolor de cabeza para la maestra; el castigo y la represión promueven el odio; hay energías naturales difíciles de contener; al final, la gran maestra no fueron las planas, fue la madurez de conciencia. 

Cuando observo cómo se reprime una parte de la sociedad, y de manera violenta se trata de imponer un modo de hacer las cosas; cuando siento que la gente corre hacia adelante, sin importar lo que el poder trata de hacer; cuando  descubro  que la creatividad desafía al poder, me convenzo que la sociedad tiene algo más que la razón, y que pronto, se acabará este periodo de “hacer planas”, para comenzar un nuevo  ciclo de transformación. Seguro que tendremos que vivir con las consecuencias de los años pasados, así como yo no he podido corregir mi caligrafía. 

Las leyes en cualquier sociedad, deben estar diseñadas para que sus miembros sean libres, sin más condicionamiento que el respeto y el derecho  de  los otros. 

Por más represión, castigo, escaramuzas, amenazas,  y fiel cumplimiento de la violencia, para imponer un ideal, si la sociedad se siente presa, buscará la libertad, y con el dolor, y la consecuencia injusta e innecesaria de que algunos no vivan para disfrutarla, la sociedad se hará libre. 

Quienes ostenta el poder y la fuerza de las armas, deténganse, reposen sus consecuencias por un breve espacio en una almohada de humanidad; es tiempo de hacer que brille la inteligencia, reconociendo lo que está mal hecho, y  rectificando de manera radical, para poder establecer un nueva convivencia en paz. La búsqueda por sentirse libre de esta sociedad, está mostrando su rebeldía, no quiere hacer más “planas”, no por malcriadez, simplemente se niega a que le coarten su derecho a “correr”, está buscando su legítimo derecho a vivir bien.        

La solución a una situación tan delicada, que es más compleja que demostrar quién tiene la razón, requiere una enorme voluntad de aceptar a los otros, a los que piensan distintos, incluso, a los más radicales de cada una de las fuerzas que mueven las masas. Todos tenemos el derecho de pensar, sentir y  actuar en libertad, todos tenemos derecho a vivir en este país, y ser incluidos como parte de la solución. 

Estos tiempos exigen más hechos de inclusión que represión; más trascendencia social y menos exacerbación del ego; más demostración de madurez de la consciencia democrática,  y menos discursos ambiguos. Hoy, aquí, no se puede ocultar la hediondez  a conflicto; hoy, aquí, urge una solución que atienda las causas. 


Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

Actuar como líder, no como político



Puede parecer repetitivo que existe una diferencia marcada, entre el ser líder y el ser político-partidista, pero nunca sobra esta aclaración. En nuestra sociedad pululan los políticos sin liderazgo, y son menos notorios los verdaderos líderes. Es el tiempo para que surjan los líderes, aquellos que son capaces de inspirar a una gran parte de Venezolanos, a transitar el camino para lograr el bien común. 

La historia del mundo, ha narrado un sinfín de veces, como, para lograr grandes cambios sociales, se ha requerido de un líder visible, claro, e  inspirador. Si se revisa la gestión de estos hombres y mujeres, colmados de gallardía y visión, ellos, han gozado de la habilidad de formar más y mejores líderes. 

Nuestro país – en tiempos  de globalización – tiene cada día más fronteras, esas, que nos separan de los afectos, de los vecinos, de otras ciudades y  de los países del mundo, esas fronteras que son más mentales que físicas. Necesitamos un liderazgo capaz de romper esos límites, y comenzar a unir a los venezolanos desde la proximidad de los corazones.

Los políticos, dado sus intereses partidistas, están confinados al uso de mecanismos divisorios; a una mirada sectaria; a defender con todas sus garras hechos indefendibles; a encerrarse en un modelo que tiene pocas puertas, para que quienes piensan diferente entren y den sus aportes.  

A los políticos, debemos pedirles que depongan sus banderas partidistas por un rato; que la solidaridad automática, es impertinente, en muchos casos se ve grotesca y oportunista; ni ellos ni  el país lo merece.  

Los líderes, están llamados a visionar con grandeza, y  construir el camino  con la gente; ser una voz elevada por su manera de pensar y actuar, y no por su forma de gritar;  servir de lugar de encuentro, para que las diferencias se acepten, se entiendan, se unan y se muevan en una misma dirección. Sean quienes encienden la flama de esperanza para quienes se resignan, y al mismo tiempo, serenen las ganas de guerra para quienes desbordan los límites.   

Para quienes tengan el coraje de servir como  líderes – y no como políticos – le ratificamos que los venezolanos queremos acompañarlos; estamos prestos  a recorrer el camino que nos conduzca a ser una mejor nación, siendo mejores ciudadanos en la acción.  

Muchos líderes
Claro que necesitamos muchos líderes, que contribuyan a una misma visión (de país), líderes que sean capaces de ser seguidores también, sin el síndrome de creerse “El Mesías”. Deben contar con competencias comprobadas en la generación de grandes resultados, con pocos recursos y generando un ambiente armónico. 

Muchos de quienes habitamos esta tierra, ya entendimos que no somos un país rico, sólo que tenemos algunos recursos naturales que pueden ser bien aprovechados; así mismo, una gran cantidad de Venezolanos sabemos el daño que nos hacen conductas como: la viveza criolla, el oportunismo, la corrupción,  y el uso de un lenguaje descalificador a quien piensa distinto; pero, por sobre todas estas cosas, ya estamos seguros que es imposible que una persona, vestida de héroe, con un verbo encantador, pueda resolver los problemas de esta sociedad. 

Necesitamos un líder, acompañado de otros líderes, que juntos nos inspiren a ser mejores, y nos eduquen para cambiar las conductas dañinas; un equipo que sea capaz de invitarnos a dejar el lamento; que nos emocionen de tal manera,  que nuestros valores se impongan a los antivalores; que logren abrir nuestras mentes, para darnos cuenta que si  hay una posibilidad de ser un país brillante, como el sol que nos abraza cada día. Es el momento de ver surgir un gran liderazgo.  


Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda