lunes, 25 de diciembre de 2017

Pronósticos para el 2018

En víspera de Nochebuena, me propongo a vislumbrar lo que ocurrirá en este prometedor 2018. Desde ya mis mejores deseos para que sean invadidos por los más nobles sentimientos, y que las bendiciones los arropen hoy y siempre.

Esté puede ser unos de los artículos más desafiantes que me corresponde escribir cada año, pero siempre acepto la provocación, la disfruto y me hago responsable de lo que escribo. Aclaro: durante los años que tengo “prediciendo”, el margen de equivocación ha sido por “mala praxis” del lector.

Basado en la predominancia predictiva del 2018 que hacen los sociólogos, economistas, futurólogos, políticos, gobernantes, astrólogos, cabalistas, y otros especialistas en adivinaciones científicas y fenomenológicas; la intención de esta entrega es provocar el compromiso  de cada lector por “torcer lo nefasto”, usando la capacidades personales;  aprovechar las oportunidades, y crear un año o una vida de resultados superiores.

4 Profecías
1.    Se reducirá el drama: existe la tendencia a exagerar los efectos nocivos de los sucesos que juzgamos como “malos”, y minimizamos o ignoramos aquellos que creemos son normales o positivos. Aprendemos de la cultura novelesca, y lucimos “más heroicos” si nuestras vidas están llenas de sacrificio, dolor y drama.

Este año venidero haga un esfuerzo por reducir el melodrama, llevar las “tragedias” a su sensata dimensión para restarle poder, y así, darle la atención justa.      

2.    Se despertará la consciencia: luego de quitarle todo “el colorido calamitoso” a la vida, haga el trabajo más importante antes los hechos y circunstancias, despertar su consciencia sobre de “dónde viene” y  “para qué llegó” esa situación. Este despertar comienza por “poner en tela de juicio” los calificativos que usamos antes lo que ocurre. 

Despierte su consciencia sobre cuáles son las raíces de esa situación; asuma su responsabilidad dada sus acciones u omisiones; considere su nivel de influencia para transformarla; decida seriamente  con cual actitud va a  superar o a vivir esa situación.  

3.    Se acelerará el futuro: el día dura lo mismo y al parecer  rinde cada vez menos; vivimos cada día más rápido y sentimos que avanzamos más lento; si comparte esta percepción, probablemente lo que corresponda es colocar metas más reales, más cercanas, menos agotadoras y  menos ambiciosas. Fíjese metas retadoras y alcanzables, y divida esas metas en objetivos menos complejos. Que el avance sea con pasos más cortos, pero que terminen siendo más eficaces.  

4.    Se magnificará el mayor de los Dones: transcurrir el camino anterior, es una forma de magnificar el Ser, a la persona sintiente, vulnerable, humana, cambiante y transformadora. Es la oportunidad de ver que no se está solo en este mundo o que el mundo no gira únicamente a nuestro alrededor.

Que esté siempre presente la bondad como Don, desarrollado con la voluntad de servir desde lo mucho o lo poco que se tenga.  Dándonos el  permiso de ser útiles a quienes lo necesitan, estaremos haciéndole una caricia al ser superior (no importa como lo llames o concibas).

Tengo la confianza que cada una de las “profecías” antes mencionadas, son aplicables en cualquier entorno donde nos consigamos, pero la mayor certeza está basa en que si nos las creemos y las practicamos, habremos cambiado los pronósticos pocos favorables a todos, por los resultados positivos que necesitamos provocar en nosotros, a favor de todos.

Reciban un sentido y fraterno abrazo de feliz año 2018, y mi agradecimiento por leerme durante este fenomenal ciclo que pronto se despide, para dar paso a la oportunidad de crear nuevas oportunidades. Siempre tu amigo…

Amancio Ojeda Saavedra

@amanciojeda

viernes, 8 de diciembre de 2017

Como Coach... con eso me quedo


En días pasados en la cuarta reunión de un proceso de coaching, con una Venezolana de oro, luego de haber concluido esa sesión que podría catalogar como “normal”, a ella le nace contarme una anécdota que le había pasado hace unos días, y guardaba cierta relación con lo que habíamos trabajado; no  era tan importante la anécdota como lo que le estaba mostrando.

El  relato dio paso a lo realmente trascendente de esa conversación, allí estuvo la riqueza de la sesión, en ese momento se despertó la trascendencia del proceso, juntos conseguimos la conexión para dejar como cierre un despertar. Les confieso que se nos movió el alma a ambos. Como coach… con eso me quedo.

No había manera llegar a ese momento de forma automática, y mucho menos de evitar ese desenlace; era necesario pasar 4 sesiones completas para poder llegar a los 2 minutos más exquisitos de ese encuentro. Fue allí donde se alinearon de manera íntima y en perfecta armonía “la posición y tensión del arco, con la dirección de la flecha”, no habrá manera que no acierte en el blanco. El momento fue lúcido, las palabras fueron pocas y precisas, la tarea enorme y el compromiso visible.

Más allá de que ella está en Panamá y yo  en Chile, la distancia y la virtualidad no fue impedimento para crecer  como personas; logramos hacer que floreciera en términos de  lenguaje, emoción y cuerpo, el sentido de la vida. Ella logró ver de manera diáfana, los detalles que le faltaban precisar para no procrastinarse más, y dirigir su pensamiento y acción en la dirección deseada.

Cuando  estas cosas me ocurren como Coach, me invade la certeza que ese momento se convierte en un hito, y marca la diferencia de lo que se desencadenará, es lo  más cerca que tengo como “Garantía” que los resultados serán los que busca el coachado.

No es fenomenológico        

El Coaching no es un proceso fenomenológico, es una disciplina con sustento, con prácticas bien definidas y con solidas  teorías que le acompañan; sólo que al ser un proceso humano, “las recetas” no aplican a todos por igual, así que siempre hay unos espacios en esos encuentros, que se basan en la alta resonancia de la conexión emocional y el sentir.

No son ni  visiones ni revelaciones cósmicas, para mí es el punto de encuentro necesario luego de un camino recorrido, es el resultado de que ambas partes transitaron con disciplina y entrega. Quizás “la magia” está en no querer apurar ese momento, sino dedicarse andar juntos coach y coachado, y cuando ambos están listos, llega una anécdota, una pregunta, un quiebre, un comentario, un chiste, un sarcasmo, un juicio, un suspiro, un silencio, una mirada o una sonrisa, que libera el momento glorioso de darse cuenta de una verdad de consciencia.

El Coaching es la disciplina que me ha permitido crecer desde ambos roles (coach y coachado), y para mí sigue siendo un mar enorme donde sumergirse, indagar y sorprenderse; es una práctica  donde es muy difícil declararse como producto terminado o experto, aquí la constante es el aprendizaje; los resultados son sólo marcas referenciales; el Coaching es la brújula que permite ir de los sueños a la tangibilidad de los mismos; como coach es la oportunidad que me da una persona de ayudarlo a seguir esculpiendo esa gran obra maestra llamada: Ser humano. El Coaching es una de las maneras que he conseguido de cumplir mi misión de vida: Transformar el ser para el liderazgo.  

¿Con qué me quedo?  Con la declaración de agradecimiento, la sonrisa cómplice, la pregunta andariega, el abrazo, la celebración que sí se puede, la grandeza humana… con eso me quedo.

Amancio Ojeda Saavedra

@amanciojeda

amancio@alianzasdeaprendizaje.com