lunes, 9 de octubre de 2017

Ya no era la misma



Comenzó la mañana con ese dolor intenso que la aturdía. Era como habitar en algo que se despedazaba. Ya no era la misma, su apariencia sólida y atractiva había dado paso a esa forma indefinible y distorsionada en la que se había convertido. 

Siempre se creyó impenetrable y en su soberbia, se oponía a toda capitulación. No aceptaba estar así, casi abierta, derramada, mostrándose desde la fragilidad de su centro. 

Pero era inevitable. Todo en ella estaba roto. Partida desde adentro, ya no se reconocía a sí misma en su expuesta reversibilidad. Aquello que en algún momento la hizo sentir fuerte e inquebrantable, ahora se tornaba en vulnerabilidad. Se sentía sofocada, bajo tierra. 

Así que se rindió, decidió entregarse, abrirse, desmigajarse, reventarse. Transitar el túnel en cuyo final le esperaría la luz. ¿Cuán misterioso, doloroso, mágico, terrible y milagroso puede ser el acto de crecer? 

Dejó de resistirse, asintió y se entregó a su destino, sólo para descubrir, que se había vencido su tiempo de ser semilla.
Y germinó…


Este cuento es un aporte que hace Marvin de los Angeles Colmenares (@marvindelosangeles) a este sitio. Gracias maestra por tanta sabiduría en tan hermoso relato.