¿Seguir esperando?

Hombres que esperan que la lotería les toque; mujeres que sueñan la llegada del amor perfecto; niños que esperan al niño Jesús; pueblos que esperan que entre el caballo de Troya. Gente esperando a que llegue quien les de lo que les hace falta.

Esperar basados en la creencia que los Dioses nos van a librar del mal gobierno; esperar porque es lo que corresponde, esperar porque el miedo es políticamente correcto. En ocasiones la espera se viste de años o se tatúa en la piel la frase “Para siempre”.

La espera también tiene fecha de caducidad. En oportunidades la vida le pone una bomba a la esperanza y  es allí cuando se termina el tiempo de esperar, y la misma que pone la bomba es la misma que reclama que te hagas cargo, que asumas una actitud y posición de ir a buscar lo que entiendes, que es necesario para poder vivir de manera digna.

Los  que consiguen lo que quieren no son los que más que esperan, son los que más salen al encuentro;  los que cambian su entorno  creen menos en  mesías y  más en el poder personal, actúan con bases a principios y, en uno de los que más se apoyan es: hacer el bien para derrocar al mal.

Hemos escuchado hasta el hastío que “los buenos somos más” y ya cuesta creerlo; sin embargo yo sigo creyendo que es así, y en oportunidades, me cuestiono preguntándome: ¿Qué estamos definiendo como “ser buenos”? o ¿Somos “buenos” para qué?

Las formulas políticas-partidistas parecen no funcionar;  la violencia y  los destrozos muestran un camino que lleva directo un “harakiri”; los diálogos con actores carentes de moral y escrúpulos mucho menos;  las suplicas a países hermanos y  organismos internacionales es un verdadero  saludo a la bandera. La democracia ha conducido a desarrollar dictaduras (en varios casos de América Latina) y los golpes de estado lo mismo.

Urge
Los ciudadanos “buenos” estamos llamados a actuar, a dejar de esperar mesías, estamos siendo convocados a desarrollar un sentido  cooperativo más amplio, el mundo  nos envía el mensaje que cuestionemos las certezas que teníamos hasta hoy, en cuanto a como se dan los grandes cambios.  

Luce en los hechos que los extremos cada día se parecen más y,  que las soluciones “express” son una perdida de tiempo; así que es el momento de elevar el nivel de creatividad y pensamiento, de subir el estándar para llegar a las soluciones.

El mundo es un tablero que requiere de gente capaz de borrar las reglas del juego, las líneas, la forma de las piezas y  crear un juego nuevo;  para poderlo  crear se necesita gente despierta, capaz de detenerse y  hacerse preguntas, y que sus respuestas conduzcan a una nueva concepción del fondo y  la forma de hacer las cosas.

¿Será qué nos hacemos dueños de una transformación individual tan elevada que a la maldad diluya entre las cañerías?  ¿Podría haber un “golpe de timón” tan grande que nos haga mirar hacia adentro y sacar de allí lo mejor de cada uno al unisono?

Con más certezas  que dudas creo que llegó la hora de tomarse un tiempo para cuestionar(se) todo, desde las convicciones más teológicas o las terrenales, desde los amores y  los odios, desde lo que sabemos y lo que creemos ignorar, y volcarnos sin espera a las acciones que nos conduzcan a una causa interna, que nos permita mirar los procesos y  soluciones que tenemos a lo individual, para luego mirar a los otros y  juntos o por separados ser más libres, genuinos, humanos y, liderar nuevos niveles de pensamiento, que nos dejen visualizar que somos una verdadera especie humana y pensante.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

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