viernes, 30 de agosto de 2019

Contra qué lucha el cambio

Sé que como líder quieres influir para que la gente cambie de la mediocridad a la búsqueda de la excelencia, de la victimización a la proactividad, de la crisis como estado normal a la mejora continua como estado ideal,  de la creencia que “ya no hay nada que hacer” a la convicción de que está todo por hacer.

Eso es un líder, un alquimista de los elementos emocionales que logran la formula correcta de hacer que la gente vaya de una conducta a otra, y con esta nueva forma de actuar avanzar en función del objetivo que sirve a todos.
En el modelo  de  liderazgo  ecléctico esto pertenece al pilar 3 referido a la “Disciplina de la intervención de la conducta humana”, y con ella, la propuesta de que los líderes aprendan a influir de tal manera que logren que la gente cambie verdaderamente de conducta, que el liderazgo  sirva para que las personas sean mejores personas.

Una de las maneras que tienen los líderes para hacerse cargo de la gente cambie de conducta se basa en en tres pasos, que funcionan de la manera siguiente:

Paso 1 - Darse cuenta: quiere decir que el líder observa las conductas de él, de su  equipo y seguidores que no son sanas ni provechosas para el proceso de liderazgo, y por ende no  suman para el cumplimiento de la misión y el logro de la visión. Comprende que allí hay un cambio necesario que hacer;  es valioso entender que no  solo hay  que distinguir las conductas no deseadas, sino  identificar claramente la conducta necesaria, que no  siempre es la contraria, es decir, que un miembro del equipo sea un procrastinador patológico no implica que tenga que pasar a la proactividad de manera inmediata, probablemente la conducta que necesite sea estar más concentrado en la tarea, y con ello avanza y ayuda al equipo.

La identificación de la conducta no deseada y la necesaria es la clave de este proceso. Podemos ver como  lideres conductas en las personas, en los equipos y en los seguidores que nos acompañan, para ello, el líder debe desarrollar la competencia de la observación aguda de los comportamientos individuales y los sociales.  

Paso 2 - Desmontar para decidir: En la PNL se dice que “No puedes colocarte un par nuevo de zapatos si aun tienes puestos los zapatos viejos”, esto significa que no es muy difícil adquirir una nueva conducta, si  aun las creencias que te llevan a la conducta anterior están presentes y vivas, consciente o inconscientemente, por ello, en este paso al líder le corresponde desmontar viejas creencias para que la invitación a decidir adquirir la nueva conducta tenga cabida, es decir, que cuando la persona, el  equipo o los seguidores decidan que lo mejor es nueva conducta, tenga la claridad que lo  anterior fue útil, pero ya no  lo es, y que para poder avanzar hay que decidir por algo nuevo o mejor que conduzca a los logros buscados.

Paso 3 - Concentrarse en la nueva conducta: Una de las cosas donde el líder deber ser diestro, es que canalizar la energía de quienes le siguen a cambiar hacia la conducta deseado, concentrando  al energía en lograr la nueva, y  no  desperdiciarla en tratar de dejar la anterior, esto  es un cambio de paradigma importante, cuando  nos concentramos en lo nuevo lo viejo  pierde poder, y de eso es que se trata.

Que estos pasos sirvan a los líderes para influir de manera definitiva  en las nuevas conductas que la sociedad necesita, y lograr los cambios que nos conduzcan a mejores resultados, donde el criterio se imponga al fanatismo; la educación le gane al oportunismo; el esfuerzo disuelva para siempre el populismo y; donde el liderazgo deje de ser un ejercicio casual y  se convierta en una búsqueda esencial, ya que sabemos que a mejores lideres, mejores sociedades.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

viernes, 16 de agosto de 2019

¿A qué lugar perteneces?

Aurora Saavedra Peña, junto a mi familia,
el día de su partida de Maracaibo a Panamá
(27-12-2015). 
De mi padre aprendí el amor por las letras, la música y la poesía; me enseñó el gusto por la buena mesa; la importancia del desarrollo profesional; él amaba dirigir y era un pavo real para mostrar sus logros; dada su creatividad tenia la cabeza desbordada de proyectos que desea emprender, incluso en medio de una enfermedad que lo limitaba y que terminó siendo su nave transportadora para viajar a otro plano.   


De mi madre aprendo el servir sin interés, es el ejemplo más grande de poseer la disposición de ayudar a otros; me muestra como vivir maduramente, a tener paciencia, templanza, dulzura, balance del ego, la espiritualidad sin fanatismo, y como es que se escucha a la intuición; es una líder que sabe crear nido y sabe cuando volar para un mejor vivir.    

Luego de casi 4 años de ausencia del país que la vio nacer y desarrollarse, volvió a Maracaibo, a su casa, a encontrarse con sus raíces, con sus otros afectos, con su esencia, y sobre todo con el lugar al que pertenece.

Lo que ha vivido y como lo ha vivido me deja un aprendizaje mayúsculo, ha sido un repique de tamboras para mí, me ha hecho estremecer algunas creencias que hoy puedo poner en tela de juicio.

Cuando hago coaching suelo preguntar: ¿A qué lugar perteneces? Nunca antes este cuestionamiento había tenido tanto sentido, dado que sin hacerle la pregunta a mi madre, su determinación por regresar a seguir sirviendo responde por ella. Ese lugar al que le entrega su servicio y donde nada como pez en el agua, hoy vive el cataclismo de estar arruinado, gracias a un grupo de miserables que ostentan el poder, a pesar de ello, la vocación la llama con la fuerza de dos amantes adolescentes, que sin importar los obstáculos y condiciones se entregan sin límites.  

Donde liderar   
Lo líderes tienen que aprender a identificar en el área donde harán la diferencia y el espacio geográfico que requiere su servicio, ese lugar tiene estrecha vinculación con la historia, carácter, y esencia del líder, y estas 3 cosas son más importantes que la comodidad, los recursos, y el tamaño del mundo donde se está o puede estar.

Decidir a que lugar se pertenece puede parecer sencillo, el ímpetu y las ganas pueden ser un espejismo que sobre-dimensione las capacidades y las posibilidades de influir con fluidez y armonía; por esto, hay  que ser muy honesto en el estar, maduro al responderse, y sabio para distinguir a donde pertenecer.  

Las señales para entender cual es “el lugar al que se pertenece” tienen que ver con vincular la misión personal y decisión de servir, con un lugar que no  necesariamente es cómodo pero si inspirador; donde la visión tiene oportunidad, alcance y expansión; y donde aunque la propuesta pueda ser rechazada el líder se siente acogido. También el indicador para saber que no perteneces o dejaste de pertenecer a ese lugar es, cuando inviertes más tiempo en pensar como salir que como quedarte.      

Cuando un líder sabe a que lugar pertenece la sonrisa se ensancha, los ojos brillan, la piel rejuvenece, la energía entra en el cuerpo, la ganas de servir hacen que los pies se muevan, las oportunidades titilan para dejarse ver, el corazón danza como buganvilias, lo vivido se vuelve un anecdotario de gratitudes, y el mundo (interno) se recompone.

A la que salió de Trujillo y la adoptó el Zulia; que canta con sus pacientes; que honra sus orígenes; que educa, impulsa, consciente, ama y une a su familia; a esa mujer de la mano extendida para ayudar a otros; a ella hoy me corresponde decirle: ¡Gracias! por en cada elección suya hay para mí una lección por aprender.        


Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda
  

viernes, 2 de agosto de 2019

¿Por qué amo el Coaching?

La respuesta más honesta es: porque el coaching me transformó. Los procesos de formación que he tomado desde inicio del 2000 a la fecha me han hecho un mejor ser, y sigo aprendiendo y desarrollándome con actitud de aprendiz.

Soy de los que ha evitado la tentación de abandonar esta hermosa práctica, para dedicarme a ser un “motivador” (título además que considero incorrecto), camino que parece ser muy atractivo a quienes se forman en esta disciplina. Yo sigo siendo un coach que hace coaching, me gusta, me permite servir de manera directa, y sobre todo, me deja ver como mis clientes alcanzan sus objetivos y la evolución que van teniendo.

Es cierto que la palabra “Coach” se ha puesto de moda, y algunos la mal usan haciéndole un flaco favor al oficio, dejándolo en la frivolidad y la práctica banal; y más que buscar una justificación, es una invitación para marcar la diferencia; para mí es un llamado a ser cada día mejor coach, servir con mayor profundidad, y sobre todo a comprometerme con mayor pasión al ser humano que me abre su mundo, para juntos poder conseguir opciones, que le hagan transitar caminos nuevos y plasme huellas de logros en su andar.  

He vivido la evolución del coaching, en el año 2004 cuando tomé mi primera formación por la vía ontológica, siendo este un modelo tan denso y profundo, ya había una tendencia en la práctica: parecía que el indicador que se tenía para saber como había estado una sesión de coaching, era medido en función de cuanto  lloró el coahee, en muchos casos un llanto liberador, pero llanto al fin, y los coaches “salivaban” con ese “indicador”.  

Hoy es otra cosa, prevalece la búsqueda y definición de una causa personal, la conexión con los objetivos, la transición de lo abstracto a lo práctico, mostrado en acciones de que se es capaz.

Hasta hace poco el coahing virtual era impensable, los puristas se negaban de manera rotunda, incluso yo estuve en esa esquina; hoy la mayoría de mis clientes los veo a través de la pantalla de mi PC o del teléfono móvil.

Aunque hay muchos “coach” que no entienden aun lo que significa la palabra, y muchos menos la práctica de la misma, también es verdad que hay muchos más que lo están haciendo bien, que están dejando en alto este oficio, e innovando; están surgiendo procesos formativos de mucho valor, rigurosidad y profesionalismo, cosa que me alegra y que prefiero enaltecer.

Hay escuelas de coaching de un sin fin de corrientes del pensamiento,  apoyadas en las ciencias sociales; conozco psicólogos que hacen más coaching que psicología; ciertas empresas no sólo forman a sus gerentes como Coach y les pagan procesos de coaching a sus colaboradores, sino que contratan un coach de planta para atender a los miembros y equipos de la organización. Todo esto son muestras que el coaching no es una moda, que aun espacio para muchos,  y que se ubica como una profesión de mucho valor para la sociedad, empresas e individuos.        

Amo el coaching porque me ha permitido conocer gente maravillosa que jamas podré olvidar; he podido descubrir y ver brillar diamantes que estaban esperando salir de la opacidad; también me ha servido como herramienta para ser mejor líder, y servirle a muchos líderes a mejorar sus vidas, desempeño y resultados; porque en cada ser humano consigo una escuela y un nuevo desafío; porque cada día me da muestras claras y me aleja de creerme que sé mucho, por el contrario, servir de coach me mantiene en constante aprendizaje y eso me encanta. Amo el coaching porque las sesiones se convierten en versos, el proceso completo en un poema de vida.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda