sábado, 29 de septiembre de 2018

¡Intervención Ya!

Se nos hace urgente. Debe haber un cambio dramático en la manera en que nos aproximamos a las nuevos tiempos, ya no basta con una actitud apoltronada en el sofá de las convenciones sociales y, seguir dormitando entre las cobijas de las apariencias. Que comience un proceso de intervención en el pensamiento de los ciudadanos y líderes.

La intervención tiene que llegar hoy mismo, y propongo iniciar con cuestionarnos como hemos estado viviendo, a partir, de como hemos concebido nuestra red de pensamientos. Para este tipo de intervención debemos hacernos preguntas que nos desafíen, y nos muevan de la comodidad de los lugares comunes.

Iniciemos con estas interrogantes: ¿Cuánto crees y cuánto verificas lo que lees, ves y oyes en los medios de comunicación y redes sociales? ¿Eres consciente del nivel de influencia que tiene en tu emocionalidad una noticia (sea buena o mala)? ¿A qué le das más poder, a tu poder o al del otro? ¿Te estas haciendo cargo de cambiar las cosas o estas siendo victima? ¿Es la queja tu tema de conversación predominante? ¿Hablas mayor tiempo sobre la crisis o sobre tus planes y acciones?  

La intervención de nuestra manera de pensar, tenemos que hacerla para evitar creer que vivimos entre héroes y villanos, y decidir vivir como escultores de esta hermosa oportunidad, de estar durante un tiempo en este plano físico.

Mi propuesta es un proceso de rupturas de esquemas mentales, esos que:
1) Promocionaban y comprobamos en calidad de oferta que: “El logro viene desde el sacrificio” es decir, para poder ser feliz hay que primero sufrir. Ser feliz es una manera de relacionarse con el mundo desde lo que se es, y nada tiene que ver con el sufrir, que es la manera relacionarse con el dolor.

2) Nos adoctrinaron la vista y creímos que la estética es más duradera que la coherencia, y por ello, seguimos a personas con una estética “impecable” en los cuerpos, en las palabras, y en el uso de los medios, que luego, se van desfigurando, gracias a la cantidad de incoherencias  acumuladas. Busquemos la coherencia, que seguro la estética será una de las consecuencias.

3) Con nuestro permiso nos tatuaron el anhelo de “la libertad”, como una búsqueda a toda costa, sinónimo de la posibilidad de hacer lo que nos venga en ganas, aplicado de manea individual y social. Cada acto humano nacido en la libertad de elección, está atado a la responsabilidad.

Intervengamos nuestras creencias para comenzar a vivir sabiendo que: no se trata de sufrir, sino  de vivir lo mejor posible cada día. El foco debe estar en la coherencia y no en la estética perfecta. Primero hagámonos responsable para luego poder actuar en libertad.

La intervención de la consciencia nace en cada padre y madre, y en los hogares que son capaces de transformar; en el cambio del sistema educativo; en la misiones de vida que se plantean los individuos; en la elevación de la moral individual a través de la posibilidad cuestionarse; en la edificación de líderes que sean capaces de inspirar a objetivos, que priorizan lo humano.   

Pido que la intervención llegué diligentemente, comenzando con nosotros mismo de manera poderosa, para liberarnos de las dictaduras: mentales, mediáticas, religiosas y políticas.

Me atrevo a convocar a esta intervención intentando contribuir, también, para acudir a mi necesidad profunda de transformación; y a usted querido lector lo libero de pensar que lo anterior es la verdad, eso, es sólo mi “Lego pensamientos”, y como bien lo escribió Ernesto Sábato: “El Universo de que se habla aquí es mi Universo particular y, por lo tanto, incompleto, contradictorio y perfeccionable.”  

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

domingo, 23 de septiembre de 2018

Se Buscan “Cara de oreja”


En mi Maracaibo querido, siempre escuche: “Fulana tiene Cara de Oreja”. Así de una forma metafórica, explicar que era una persona a quien mucha gente le confía sus problemas, penas y preocupaciones, sin que esta tenga la confianza, la autoridad o las competencias para ayudarlo a resolver dicha situación.

Lo  cierto  es que yo tengo “Cara de Oreja”, más allá de mi labor como coach, desde siempre cuando estaba en otras áreas que no pertenecen a la conducta humana, servía  de escucha  y consejero de muchos, hoy más que nunca sigo teniendo la misma cara.

En días pasados estando de Vacaciones con mi familia, hice uso de un taxi que era conducido por una joven muy agradable, confieso que no habían pasado  20 minutos de estar con ella, cuando comenzó a contarme toda su vida, desde su matrimonio fallido, sus distintas mudanzas,  su realidad como madre, y terminó con su muy reciente despecho por una relación que no funcionó; mi sorpresa por la confianza otorgada fue grande, pero mi aprendizaje Mayúsculo estuvo  en reflexionar sobre la necesidad tan grande de la gente de ser escuchada.

¿Para qué sirven los “Cara de Oreja”?

Basado en la gran necesidad de la gente, llena de estrés y ante el incremento de vivir a un estilo “fast food”, donde todo debe ser rápido, forzando resultados a procesos que deberían tomarse un tiempo mayor; se requiere de gente que esté dispuesta a escuchar a los demás, sin la obligación de aconsejar.  

Es preciso que se comprenda que el aconsejar es un acto de buena voluntad, pero no  necesariamente efectivo, ya que quien ofrece un consejo lo hace desde su visión personal, forma de actuar y experiencia de vida; y esto puede que no funcione  para otros.

He comprobado que en muchos casos, con solo escuchar atentamente, hacer un par de preguntas para buscar mayor comprensión y, demostrar que estoy realmente interesado en su planteamiento, ha permitido que la gente se sienta aliviada y en otros casos (por curioso que parezca) hayan encontrado  una salida a la situación planteada.

Tener la condición de “cara de oreja” puede llegar  a ser en oportunidades incomodo, retador o comprometedor, pero de lo que estoy seguro, es que sobre todo se aprende y práctica la habilidad de escuchar y preguntar, más que juzgar.     


Amancio Ojeda Saavedra 
@amanciojeda 

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Es más fácil ser Radical

El siglo XX ha sido la época de la humanidad más fértil en cuanto a los aportes ofrecidos por la ciencia, las artes y todas las corrientes del pensamiento; se dieron saltos gigantes en cuanto a lo tecnológico y ha servido para enormes conquistas sociales, a pesar de esto,  seguimos sin encontrar un eslabón necesario para la solución de los conflictos de la convivencia en sociedad.    

Los tiempos nos han hecho la vida más fácil, y en varios aspectos han complejizado la convivencia humana, y  para ello, el ser humano y en conjunto la sociedad acuden al lugar más fácil: la radicalización.

Ser radical es tener una sola mirada y plantarla de forma inamovible sobre una situación dada; en esta posición no caben razones distintas, no hay medias tintas, no hay derecho a puntos medios, o se es o no se es. El radical se cree el lado  más opuesto de lo que adversa, y a mayor distancia, cree que es mejor. Cuando las distancias son tan lejanas en función de un punto de vista, es mucho más difícil conseguir puntos de encuentro y solución.

Plantarse en una esquina creyendo tener la verdad y la razón, es mucho  más fácil que desarrollar conductas más civilizadas y  armónicas, tales como: la tolerancia, la flexibilidad, la escucha empática, el reconocimiento del otro, la paciencia, la democracia, la humildad, la negociación y, el compromiso por la paz.  

Nada es más fácil que creer tener la razón, y en oportunidades esto sirve para alejar a la gente, ya que “la razón” no es garantía de acuerdo y convivencia armónica, para esto se necesita mucho más que poseer la razón y  estacionarse de manera inflexible en la acera de en frente.

En tiempos de conflicto, quienes tienen una postura comedida y libre de “Radicalización” son excluidos, vilipendiados, y sacados del juego; esta conducta parece crear un disturbio en las mentes de quienes prefieren los extremos.

Liderazgo radical
Lo antes expuesto es observado en todos los ámbitos de la vida humana, en todas las razas y culturas, en grandes sociedades y en pequeñas familias, y parece estar tatuado en un incontable número de líderes, que paradojicamente son los convocados a conducir a las personas a una mejor forma de vivir.    

Líderes que saben lo nocivo de la radicalización, pero prefieren estar allí antes que flexibilizar su posición y asumir el riesgo de ser percibidos como: traidores, débiles, o cualquier otro adjetivo que los califique mal antes sus seguidores. Muchos seguidores aman a sus líderes por ser radicales, demostrando ambos de esta manera conductas deshumanizantes.

Un líder que muestra su postura radical, deja en evidencia su miedo a convivir con quien le “parece” distinto, y con ello, revela su barrera mental para co-crear en un mundo que llama a la diversidad y la ruptura de fronteras étnicas que hoy no suman.    

Los líderes están convocados a abrir puertas y caminos que conduzcan a nuevas y mejores alternativas; a cerrar ciclos de conflictividad y decadencia de la calidad de vida humana; a desempañar las ventanas para ver nuevos horizontes; a corregir los entuertos que se crearon producto de no conseguir salidas armónicas a tiempo. Los líderes son ideas y acción sin necesidad de radicalización.

Creo en los líderes y ciudadanos que cada día aprenden a ser más libres de la esclavitud que provoca la radicalización; apoyo a los que suman, a los que tienden puentes; a los que se sienten tan iguales que el que piensa distinto, por ello, lo respeta.

Radicalismo no es sinónimo de firmeza; firmeza no es sinónimo de poder; poder no es sinónimo de liderazgo; liderazgo es un camino a la solución,  y soluciones es lo que necesitamos.     

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda