domingo, 27 de septiembre de 2015

Una clase de liderazgo en la Puerta 11.

La puerta 11 del aeropuerto Simón Bolívar, es la concentración de las personas que necesitan conectar sus aparatos tecnológicos,  dado que ese espacio es patrocinado por una gran compañía, hay varios TV,  una pantalla gigante,  mesas  con la posibilidad de conectarse  y una pared repleta de tomas corrientes. ¡Allí  se dio la clase!

En medio  del  aislamiento de los presentes,  cada uno con sus equipos electrónicos, mis vecinos del asiento  del frente sostienen una conversación, que escuché “sin querer queriendo”. Me atrevo a comentarla porque fue una sabia lección de liderazgo.

Infiero que se daba entre un nuevo productor de seguros y un gerente (experimentado). Reflexionaban sobre lo ocurrido con un cliente que se puso “difícil”; se negaba a seguir pagando las pólizas y no quería seguir la relación comercial. La responsabilidad recaía sobre un error cometido por el nuevo productor.

El Gerente se cuido de emitir juicios de valor sobre el productor, se dedico  a preguntarle una y otra vez sobre diferentes aspectos de la gestión de ventas, sobre el  entrenamiento previo que se le había dado y, sobre su opinión acerca del cliente. El vendedor respondía cada pregunta con cuidado, pensaba la respuesta, como evitando equivocarse.  

Llego el momento de oro, el productor preguntó  y comentó de la siguiente manera: 
- ¿Cómo hizo  usted para recuperar ese cliente?... yo lo daba por perdido y me daba por botado.

Una pausa, y el gerente responde:
- Botarte no habría ayudado a recuperar el cliente,  y para recuperarlo, le ofrecí lo mejor que tenía en ese momento: mi palabra.

En ese punto  de  la conversación estuve tentado aplaudirlos  de  pie, se estaba dando delante de mis ojos una clase de liderazgo, que seguro quedará en la memoria de ese profesional por mucho tiempo.

El poder de la palabra
Los líderes tienen el gran poder de influir y hacerlo de muchas maneras, diferentes  autores han escrito sobre el tema de la influencia y el liderazgo, incluso hay  quienes resumen liderazgo afirmando que: “liderar es influir”; de manera que sobre este tema hay mucho material para aprender.   Pero quiero resaltar y relacionar, la respuesta del gerente en cuestión; yo al  escucharla reflexioné con profundidad, y me di cuenta que esa contestación enmarca todo (o  casi todo) lo necesario para usar la influencia.  
      
Botarte no habría ayudado a recuperar el cliente,  y para recuperarlo, le ofrecí lo mejor que tenía en ese momento: mi palabra.”

Aquí se resume el  respeto por el otro, y no sólo por el cliente, sino por el productor que cometió una equivocación; se hace presente la congruencia del  gerente como líder, sobre la base de su credibilidad  para generar confianza; muestra su  respaldo a la empresa que representa, y confía con claridad que será amparado por la misma. Para dar la palabra responsablemente, se requiere confianza en sí mismo, seguridad de poder cumplir con la petición,  haber escuchado con claridad la necesidad de la otra parte,  y  tener el propósito de servir.      

Consigo que un buen líder que busca influir y  contar con un equipo de personas que le acompañen, debe esmerarse en atenderlos como clientes o colaboradores,  tener el  respaldo moral que lo soporte, y eso hará que su palabra sea un sello  de garantía indiscutible.

Liderar desde el valor del cumplimiento de la palabra, es una estrategia que siempre funciona, a veces, muchos políticos-partidistas la usan de manera irresponsable, y más temprano que tarde, quienes le siguen se dan cuenta que fue un acto  de  manipulación,  y por esa razón ponen distancia y dejan de seguirlo. Esto muestra que la gente busca y  cree sólo en líderes que cumplen con la palabra.

Quiero dejarte en este momento una pregunta a ti que sirves como líder, gerente, jefe o supervisor: ¿Tiene tu palabra el poder moral para influir?  

Hay una frase del filósofo y mejor maestro de los últimos tiempos Paulo Freire, que sirve como un corolario perfecto para la reflexión anterior, al texto dice: “No hay palabra verdadera que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir la palabra verdadera sea transformar el mundo.”


Amancio E. Ojeda Saavedra
@amanciojeda
www.amanciojeda.com 

lunes, 14 de septiembre de 2015

A la voz, la reina y la sempiterna Gladys Vera

Que lamentable partida 
se nos va toda una dama
que la gaita ella canta 
hoy su voz sigue más viva.

Le llamaron Sempiterna 
una reina que va el cielo
Gladys Vera va al encuentro 
De esa cuadrilla gaitera.

Riarcardo el monumental 
Y Astolfo el parroquiano 
juntos están tarareando 
ese, Tu Amor Marginal.

Seguirás siendo la voz, 
la reina, y la sempiterna
tus gaitas serán eternas 
nadie canta como vos.

¡Gracias a la voz y paz a los restos de Gladys Vera!

domingo, 13 de septiembre de 2015

Dimes y diretes, chismes y acusaciones por email.

Inicio con un poco de  historia personal, para contarles que fui precoz en el uso del email, dado que mi carrera profesional inicial fue: Administración en Informática y computación.

Mi primera cuenta de correo electrónico la abrí a finales de 1993 o a inicios de 1994, para ese tiempo iba dando los primeros pasos la internet, y sólo habían pocos proveedores. MetroNet (en Maracaibo) era mi compañía de servicio de correos electrónicos para ese momento.

En los “foros de discusión” de aquellos tiempos, el no tener las reglas establecidas de dichos espacios conversacionales (o por desconocerlas), hacia que se despertaran las pasiones y los malos entendidos, surgían las ofensas, y  se sentía los estragos y deterioro de las relaciones personales de quienes compartíamos ese espacio virtual.  

Han pasado 20 años de desarrollo  de  internet, para masificar y madurar sobre el uso del correo electrónico; hoy grandes y chicos usan el email como forma oficial de comunicación escrita, incluso como manera de  “certificar”  que existes como  ser humano. A pesar del tiempo  y  los avances, muchos no han aprendido a comunicarse por este medio tan valioso.

Escucho  como  en las empresas, grupos de  amigos o condominios, el uso del  correo electrónico puede llegar a convierte  en un “arma”, para aniquilar las ideas y proyectos de los otros; también, sirve como el medio de presión y acusación con superiores, y peor aún, con personas  que no tienen nada que ver con un problema de  dos o tres mortales de esa comunidad. 

Comunicarse con inteligencia
Cuando  la comunicación electrónica no cumple su propósito, dado  que tiene una característica a-personal, se requiere de inteligencia para lograr el objetivo que se busca. 

Una mala comunicación se caracteriza por enviar el mismo email varias veces sin ningún efecto, o copiar a todo el  mundo para que se enteren lo que está pasando y  así  dejar “constancia de…”; ir sumando  reclamos disonantes, sarcasmos y amenazas. Entre otras conductas poco asertivas en este mundo virtual.

Ser inteligente para comunicarse implica:

a) Conseguir el medio  más eficiente.

b) Tener la asertividad necesaria para dirigir el mensaje.

c) Comprender que es más importante la relación con la persona, que tener la razón en una discusión con poca trascendencia.

d) Saber que el medio  de comunicación, no  es el mensaje; y que el mensaje puede  ser codificado con el ruido de los juicios personales.

e) Pensar, que antes de  llegar a generar una tormenta de correos, chismes, dimes y  diretes; y  cosechar un gran mal entendido; la solución puede estar en una llamada telefónica o una reunión personal de 10 minutos.

A partir de ahora, cuando  te veas inmerso o tentado  a hacer un uso inadecuado  de  la comunicación electrónica, piensa que al comunicarte más inteligentemente, estas incrementando  tu habilidad para vivir mejor.


Amancio E. Ojeda Saavedra
@amanciojeda 

martes, 1 de septiembre de 2015

Eso es problema tuyo.



En días pasados recibí un vídeo de un comediante Colombiano, que narra la historia de una pareja, donde en una discusión el esposo sólo  responde de dos maneras. Transcribo parte de este chiste, para hacer una analogía con una conducta muy frecuente en la Venezuela de estos tiempos. Al texto  dice:

Una noche, María se queda mirando  al viejo Ramón, y ella le dice:
-       Ramón, viéndolo bien yo no  debería vivir al lado suyo.
Ramón responde:  - Eso  es problema tuyo María.
M. - Pero más sinvergüenza eres tú que vives aquí todavía.
R. - Eso es problema mío.
M. - Yo no  estoy  dispuesta a lavar más.
R. - Eso  es problema tuyo.
M. -  Tú debes buscar quien te lave.
R. - Eso  es problema mío.
M. - … A mí quien me mandaría a meterme a vivir contigo.
R. - Eso  es problema tuyo María.
M. - Entonces buscate otra mujer Ramón.
R. - Eso  es problema mío. 

Hasta que finalmente María, ya molesta, sale persiguiendo a Ramón con una tabla para golpearle y le grita: ¡Como vengas por aquí te boto!
R. - Eso  es problema tuyo.
María le grita fúrica: ¡Busca donde dormir!
R. - Eso  es problema mío.

Aunque lo  anterior es un chiste, y  con la gracia del comediante Cesar Henríquez puede sacar una buena carcajada; siento que  el modelo  de respuesta  de Ramón presenta una conducta que se observa en las parejas, en los condominios, en las empresas, en la Venezuela presente.

Parece que nos cuesta mucho comprender que somos parte de un sistema, y  que todo lo que hacemos y dejamos de hacer,  afectará los resultados. Las conductas individualistas no  nos funcionan, coloquialmente podríamos que decir que: Es pan para hoy, y hambre para mañana. 

Ninguna sociedad mejor podrá construirse con el comportamiento individualista de sus habitantes; si sólo cuido mis intereses, y no puedo  ser capaz de comprender que los intereses de los otros son tan importantes como los míos,  no habrá avance posible.

Tomado de Wikipedia: “Singapur es una de las principales ciudades globales y uno de los centros neurálgicos del comercio mundial, contando con el tercer mayor centro financiero y el segundo puerto que más mercancías mueve. Su economía globalizada y diversificada depende especialmente del comercio y del sector manufacturero. En términos de paridad de poder adquisitivo, Singapur es el tercer país con mayor renta per cápita del mundo, además de figurar entre los primeros países en las listas internacionales de educación, sanidad, transparencia política y competitividad económica.  Ese país asiático  se  declaró independiente en 1965 (tiene sólo 50 años como país), y  su desarrollo ha sido abismal. En Singapur hay un refrán popular que reza: “Mientras más manos mejor”. En nuestro país, para reforzar nuestra poca capacidad de trabajar en equipo, decimos: “Tantas manos en un plato saben  a mierda de gato”.   

Cuando  me consigo  con sindicatos que quieren exprimir lo que puede y lo que no puede dar la empresa, sin importarles si cierran con las cuentas en rojo o  si la empresa quiebra,  sólo por creer que se lo merecen todo; me doy  cuenta que es la  posición de: Eso es problema tuyo.

Cuando explota en mi cara la escena triste, de que una persona sin el más mínimo de vergüenza, al ser descubierto robándose un bombillo de un pasillo del condominio, porque no tiene dinero para comprar uno nuevo, y al reclamarle solo levanta los hombros y  sigue con la fechoría, es porque piensa: Eso es problema mío.

Necesitamos comenzar a construir relaciones (de todo tipo) sobre la base donde el otro realmente es importante;  tomando consciencia plena, que sólo podremos  crecer si nos damos cuenta que somos parte del todo, y  como  seres únicos, estamos llamados a comportarnos para vivir en armonía.

Es tiempo de aprender de Singapur, un país que con una visión clara y pensando que “mientras más manos mejor”, dejaron de ser una colonia Inglesa, para ser un país prospero. Nos corresponde deponer nuestra conducta individualista y  juntos actuar por una nación realmente libre. Venezuela es problema tuyo y mío.      


Amancio E. Ojeda Saavedra
@amanciojeda