sábado, 28 de septiembre de 2019

Vuelva a la moral

Sentado Alonso con sus amigos en el café de la esquina Constitución con la Av. 9, sitio cuyo nombre es casi una quimera “Vuelva a la moral”, disfrutaba de la transmisión del béisbol, la cerveza helada y, la buena conversa de los temas que se tropiezan en las mentes y realidades de sus contertulios. 

Sabiendo que los dictadores se fueron con el botín y los de relevo vienen por su cuota parte, el tema del día es: saber quién se atreverá a desafiar a esos que aspiran el poder. Alguien tiene que hacerse cargo de acomodar esto. 

Alonso que vive la realidad y usando el béisbol como metáfora explica la solución, de eso él sabe, porque dirige una fundación de jóvenes que trae de la calle y, los rehabilita usando el deporte, la educación, el trabajo y el servicio comunitario. 

Ahora las miradas lo señalan como “la opción”. Él no le da cabida a esa idea, no se siente preparado, es mucho compromiso y su vocación está en hacer de los jóvenes “Ciudadanos grandes ligas”. 

Yuri, su mejor amigo, le prepara una celada, y un día de clases de “Formación ciudadana” llegó con la familia de Alonso y otros compañeros, y entre todos e incluyendo los jóvenes lo convencen. Yuri se compromete a ser su “conciencia de liderazgo” para que no se desvíe y caiga en las garras de la política-partidista. 

Los roedores están haciendo sus planes; es ahora o nunca, un torbellino de ideas y miedos pasan por su cabeza, sabe que debe actuar; Alonso alza su voz, y quienes lo escuchan por primera vez quedan sorprendidos del poder de su propuesta y la coherencia. 

Comienza la campaña, los independientes se le unen, la estructura de los partidos ortodoxos afilan sus cuchillos y salen por él, buscaran entre las piedras algo que lo manche, la vieja política sólo sabe ganar escupiendo al contrario y usando el populismo. 

Se unen los sobrevivientes más inmorales del antiguo régimen y los traidores que se han vendido por migajas, al sonido del gong lo atacan por todos los flancos. Se meten con la moral de su esposa Laura y su hija Teresa, lo acusan de pedofilia, le inventan una lista de injurias que están en la receta tradicional de la política-partidista. 

Alonso siente que el mundo se le cae, sabe que no hay nada más vil que toquen lo intocable: la familia; así que toma una pausa y escucha su consciencia, se sube en la verdad y da la cara a sus seguidores, su defensa son los hechos; establece acuerdos con quienes tienen su misma altura moral y deseo de servir, y ahora más que nunca su norte es la reconstitución de los principios humanos basados en: vida, fe, justicia, desarrollo, trabajo, honestidad y libertad. 

Alonso actuó sin usar las bajezas de la política-partidista, y aunque en los medios se diga otra cosa, la legión crece. Ahora solo resta esperar. 

Sentado en el mismo café la TV transmite un juego de béisbol, la cerveza está helada, las risas pululan y la conversación permite recordar el origen y objetivo que justifica semejante cruzada. 

Un adversario rompe el hechizo del momento, usa consignas, insulta y desafía a Alonso, él lo mira con compasión y sabe por el lenguaje quien lo mandó, así que con lo aprendido le dice: Ve a tu casa y cuenta las mentiras que te han dicho en tu partido y que te han hecho repetir, si son menos que las que me están inventando a mí, prometo ir contigo a confesarme, iremos los dos, tu te exculpas por haberles creído tanto y yo por no haberte mostrado la verdad. 

Llegó el día, la ansiedad y la esperanza son las constantes emocionales; Alonso tiene la certeza de haber hecho lo necesario y que los resultados dirán que hizo la tarea de un maestro: despertar la consciencia para que eleven su voz... 


@amanciojeda

viernes, 13 de septiembre de 2019

Siete casos... un coach.

Siete casos... un coach.

Fernando Fuerza: Experto, estructurado, logra las metas, maneja un equipo que siente admiración por su capacidad de trabajo y, odio por las formas en que los trata. Él sabe de esta dualidad emocional que siente la gente hacia él, y no sabe como cambiar el rechazo que genera.   

Paola Cima: Competitiva, lucha por un puesto directivo en la empresa, paga el costo de perder espacios de su vida personal y familiar, incluso su esencia femenina; ella se creyó el cuento que tenía que ir luchar en un mundo de hombres, como lo hacen los hombres. Cuando se da cuenta de “la factura que tuvo que pagar” se siente perdida, no quiere seguir reconociéndose en esa persona que no es exactamente ella.

Diego Absoluto: Un incomprendido pensador con grandes ideas y, de buenas competencias técnicas, siempre tiene una respuesta racional a todo; él intenta hacerlo bien pero sin explicación todo le sale mal, todo lo que dice o hace es mal interpretado, la gente duda de su buena intención. Sobrevive al sistema y se siente estancado.   

Barbara Bravo: Ha cruzado el mundo a punta de sacrificio y rectitud, se empeña en la perfección, tiende a decir su verdad a quien sea sin titubear. Para sobrevivir desarrolló un temperamento volátil, no le acepta bromas a nadie, ella vive en la creencia que: las cosas o son serias o no son.  Entendió que el mundo es distinto y que hay matices; y a pesar de sus esfuerzos por acercarse a la gente de manera amigable, su fama no le abandona, la gente no cree en su cambio.

Máximo El Grande: Goza de un egocentrismo enorme disfrazado con un lenguaje de humildad y sencillez; lo acompañan los resultados, todo lo hace bien, es un super-heroe, su mayor pecado: ser perfecto. Como líder no deja que nadie crezca a su lado, no lo hace con mala intención, sólo que su carácter lo invita a proteger a todos haciéndose cargo de las cosas.

Magdalena Rios: Su frase preferida es: Aunque hay oportunidades de crecimiento en la empresa, no me las dan; es buena gente, complaciente, amiga de todos, la opinión sobre ella es positiva en cuanto a lo relacional; siempre anda atrasada en su  trabajo por estar ayudando a otros, le aterra decir “no”, y así, entre quejas y llanto, como agua en el sumidero se le van las oportunidades.  

Franco Ido: Tiene que dejar de hacer lo que hace,  la rutina lo cansa, ya todo lo es indiferente, siente que cumplió un ciclo y debe abandonar el barco, pero no sabe para donde nadar si salta al agua; en el fondo sabe que está llamado para servir de otra manera pero, no puede distinguir con claridad cual es su propósito de vida.

¿Con cuál te identificas?

Estos personajes resumen los perfiles de la mayoría de las personas, que me han dado la oportunidad de servirles a los largo de estos últimos 15 años, desde que me certifiqué por primera vez como coach; no trato de hacer ninguna tipificación, ni  mostrar arquetipos psicológicos, sólo mostrar una pincelada de las personalidades con las que me he topado y, desde mi rol he podido ayudar a mejorar sus vidas y sus liderazgos.  

Ninguno de ellos estaba dañado, todos se desplazaron a su ritmo y convicción sobre sus decisiones;  para mí, todos, fueron una oportunidad de oro para aprender y para construir mis certezas sobre, la capacidad de que las personas pueden expandir su liderazgo, si comprenden que la vía más expedita es: trabajar con ellos mismo.

Tengo con la vida y con mis clientes gratitud, porque me confiaron sus luces y sombras, miedos y fortalezas, esencia y alma, para que desde el balcón de mis ojos y la puerta que se abre desde mis preguntas, partieran a su manera a ser mejores seres.  

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda