sábado, 16 de marzo de 2019

¿Paciencia? ¿Para qué?


En momentos en que el desespero es una luz encendida frente a los ojos que no te deja ver otra cosa, te quema las pestañas, te incomoda, te aturde, revela tu nivel de hastío, la palabra “paciencia” se convierte en un insulto.   

Muchos interpretan la paciencia como inacción, quietud, espera pasiva, extender el límite; yo pienso que paciencia es: la espera justa, esperar que las cosas tomen su tempo y actuar en el momento que se requiere, ni antes ni después.

Aunque su raíz etimológica está relacionada con el sufrir y aguantar, es decir, con la falta de fuerza y dedicarse a sufrir hasta que el tiempo lo resuelva todo; existe una interpretación más sana, que está vinculada a la fortaleza para soportar y elegir el momento correcto de tomar acción.

Un buen amigo en su desespero de no conseguir buena vida en un país del sur, busca irse al norte; una madre convencida que hace lo mejor para su hijo, lo entrega en adopción; un marido desesperado, pide el divorcio; un país harto de que le incumplan las promesas, le da suelta rienda a la anarquía. ¿Qué les pasó? ¿Se les agotó la paciencia?      

No es lo mismo que Nicolás Maduro pida paciencia a que la pida Juan Guiado, no  es igual, no  es la misma paciencia; el primero tiene 20 años tratando de hacer algo y no hay señales de mejora, todo lo contrario; por el otro lado, el líder Juan Guiado tiene tan solo un poco más de dos meses frente al país, ha trazado un camino y el desafío es gigante, porque corresponde desarticular unas cúpulas que están enquistadas en el poder y, por otro lado, levantar el animo e intentar mejorar la calidad de vida de una población que no ve luz (en sentido figurado y literal).     

Cuando alguien nos pide “tener paciencia” lo que está pidiendo es tiempo y calma, y  esta sólo será otorgada sobre la base de la credibilidad, sinceridad y  espacio de acción de quien (y donde) la solicite.
Ni los líderes, ni los políticos de oficio pueden jugar con la paciencia; hasta el grupo humano más sumiso va revelarse y actuar, ya sea de forma disruptiva y estruendosa o  de manera sigilosa y fuera del alcance de los radares de quienes dirigen.     

Se tiene paciencia porque existe una esperanza, se tiene paciencia porque en medio de la agobiante incertidumbre hay una certeza, se tiene paciencia porque el tiempo se estima como un aliado, se tiene paciencia porque el presente marca una diferencia para avanzar, se tiene paciencia porque en la pausa se crean ideas, se tiene paciencia porque se lleva el ritmo de los hechos.

Nos corresponde distinguir las señales de cuando hay que ser paciente y esperar el momento, y cuando hay que presionar y acelerar para que las cosas verdaderamente ocurran. Las señales están ligadas al  sentido común y la lógica, a la confianza y la intuición; es el espacio donde el estar presente y consciente es necesario; la distracción y la negación de la realidad no es parte de la paciencia. Para saber cuando hay que ser paciente se debe estar en el aquí y en el ahora.

La paciencia es una habilidad que se desarrolla, se aprende, se cultiva y se convierte en una virtud, que debe ser administrada con mucha inteligencia, donde sus resultados denotan avance y no retroceso, aprovechamiento del tiempo y generación de resultados; debe servir de hacedora de soluciones y no inacción que complique los procesos.

Que tu paciencia se sume a los buenos, se active para esperar y actuar cuando los tiempos lo requieran; que sirva de señal de confianza a quienes la merecen; que te traiga más sosiego que ansiedad, más energía creadora que impulsos a actuar sin sentido, más cordura, luz y paz.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda

viernes, 1 de marzo de 2019

La esperanza nació para no morir

Es potente tan sólo al leerla o decirla. A esta frase se llega gracias a la conexión de dos cosas que lucen como opuesta (la esperanza y la muerte), y en esta construcción se les otorga mayor carácter de antagónico.  

Cuando una frase es repetida por muchos se iza a nivel de “Símbolo” (lingüístico) - los liderazgo se construyen sobre la base de elementos simbólicos - y se suma como uno de los medios que generan conexión con el propósito al que líder invita.

En una sociedad fragmentada en millones de pedazos, donde “unos” y “otros” se han dividido de tal manera que: los “unos” ahora son también “unos” y “otros”, y los “otros” han copiado el ejemplo de los primeros; esto hace que la tarea de unir tantas piezas sea al menos titánica, pero siempre posible.

Quienes creen en “divide y vencerás” hacen siempre un menor esfuerzo y, siempre obtienen peores resultados, ya esto ha sido probado un sin fin de veces. Hoy, cuando la consciencia de una sociedad cuya mayoría está hambrienta de bienestar y prosperidad, no queda otro camino que la unión y la justicia, y sólo un símbolo muy poderoso y una coherencia impecable del liderazgo conducirá a que se cumpla con la tarea.  

Dado que somos educados en una sociedad donde prevalece la desesperanza, esto hace que “La esperanza” sea frágil, fácil de perturbar y esconder con el menor esfuerzo. Estimular la desesperanza es lo que buscan los malos, perversos, sádicos y violadores de una sociedad y sus derechos, sociedad que sólo desea convivir de manera sana y crecer de forma armónica.

Mantenerla encendida   
Acudir a la “Esperanza” para inspirar, motivar y activar a la gente, no  es como apretar un botón, esto, es una respuestas sensata y oportuna a unas causas y sus consecuencias; es una luz que va encendiéndose para pronunciarse ante aquellos que sólo saben usar un trato miserable, desbordado de desprecio por el ser. La gente sabe que el silencio no es el remedio para calmar el sufrir, por ello, se conecta con la esperanza que es una forma de gritar.  

Para mantener viva la esperanza, que sirve de ingrediente principal para enfrentar los desafíos actuales, se necesita:

A) Altas dosis de comunicación. La gente necesita saber que está pasando, cuales son las opciones, cual es el camino y por donde se va en función del camino trazado. Aquí también entra el hecho que en oportunidades por parte del liderazgo, se necesita la interpretación de eventos que parecen equivocados e inexplicables. Comunicar de manera diáfana es necesario para mantener la esperanza.
    
B) Señales inequívocas que se avanza en la dirección correcta. Las personas necesitan sentir que la esperanza se vuelve tangible, o que cada día se acerca más ese lugar deseado, y con ello sortear la facilidad que existe de volver a la desesperanza.

C) Hacerse protagonista. Quienes son parte de un proceso de cambio y transición, necesitan tener responsabilidades claras, ser parte activa del proceso, esto sube la confianza. Los líderes que logran grandes trasformaciones acuden a la madurez de quienes le siguen, para que se den cuenta que no hay “actos de magia”, sino que la magia está en hacer todos los días los actos que corresponde.

D) Confianza en los líderes. Sin necesidad de convertirlos en dioses y con la sensatez que exige un cambio grande y profundo, es menester confiar en la factibilidad del plan, en la capacidad de los líderes y, en las señales de progreso.

Es tiempo que los líderes y los ciudadanos que confiamos en que el cambio está cerca, contribuyamos manteniendo viva la esperanza, y actuando con determinación y paciencia. Vamos bien y sepamos que “La esperanza nació para no morir”.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda