lunes, 28 de noviembre de 2011

La Velocidad Humana



En tiempos de hoy, existe una demanda de velocidad para casi todo lo que nos proponemos hacer, todos quieren todo  rápido, para ya, para ayer, casi  que hemos internalizado que ser bueno y  eficiente es hacer las cosas  a una mayor velocidad. ¡Tengo  una seria diferencia sobre esta convicción de muchos!

Pensando en que la vida se nos va tan rápido y nosotros aceleramos los procesos, me pregunte:

¿En qué áreas me gustaría ver a la gente siendo Veloz? 

Y  me respondí:

Quiero  gente Veloz para perdonar y librarse de odios y  rencores que nada le sirven.
Quiero  gente Veloz para abandonar miedos y temores, que en definitiva es lo que los detiene a conseguir los más importantes logros.
Quiero  gente Veloz para que participe en sus comunidades a la resolución de  problemas, que pase velozmente de la queja a la puesta en acción para la solución.
Quiero  gente Veloz para que aprenda cada día nuevas y mejores cosas.
Quiero  gente Veloz para servir a otros sin intereses personales y posiciones egoístas, que en el esmero de atender y  servir a otros, todos nos sintamos comprometidos con el bien colectivo.
Quiero  gente Veloz para regalar sonrisas y  abrazos, sin discriminar, sólo sabiendo que sonriendo y abrazando se ayuda a sí mismo y hace que otros se sientan bien. 
Quiero  gente Veloz que comprenda que el tiempo es relativo,  y lo que importa es que en lo que lo inviertas, te haga feliz.
Quiero  gente Veloz para reconocer su equivocación y comenzar su rectificación.
Quiero  gente Veloz que comprenda la teoría y  pase a la práctica.
Quiero gente Veloz para descubrir las cosas buenas de sus semejantes, antes de descubrir lo que no le gusta.

He descubierto  que la velocidad en la vida, en ocasiones no me permite descubrir y  disfrutar de sabores, de olores, de paisajes, de buena compañía, de afectos, de conversaciones productivas y de placeres espirituales.

En otras ocasiones cuando  me descubro  que quiero  ir a mayor velocidad, me pregunto: ¿Quién te persigue? ¿Con quién estas compitiendo? Y me doy  cuenta lo inútil que se convierte “ser veloz” para alcanzar algo material, cuando mi  velocidad esta sobrepuesta a la oportunidades de ser mejor ser. 




Amancio E. Ojeda Saavedra
amancio@alianzas.com.ve 
Twitter: @amanciojeda     

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Dinero: ¿Objetivo o Consecuencia?

Este preciado  y necesario instrumento que ayuda a la sociabilización y realizar de manera formal el intercambio de bienes, servicios o cumplimientos de  compromisos en una sociedad; se ha convertido: para unos en un “Objetivo” de  vida y para otras una “Consecuencia” de lo que hacen con amor.

Listo un grupo de diferencias que se presentan en las personas que su relación con el dinero es de “Objetivo” o de “Consecuencia”. 


Objetivo
Consecuencia

Sus  acciones las determinan cuanto se ganará.

Busca cada día nuevas oportunidades para incrementar sus ingresos, aunque su nivel de  compromiso por esa actividad u organización no sea bueno.


Por más dinero  que posea, siempre siente la sensación que le es “insuficiente”



Las posesiones materiales determinan su estatus, mostrándolo como trofeos.

La falta de  dinero  le genera angustia, ansiedad y  estrés sobre los niveles normales, perdiendo la calma y el sueño.


Invierte dinero, buscando  el más rápido retorno  de  la inversión.  

  
Sea un empleado  o un empresario, lo que lo mueve es el dinero.


Cree con convicción que el dinero es una meta,  hay  que salir a buscarlo  cada día de su vida.

Sus acciones las determinan cuanto placer le provocan.

Busca cada día oportunidades de incrementar sus ingresos, sabiendo que la actividad que haga debe tener relación con su propósito  de  vida.


Cuanto más dinero posee, sabe que su  trabajo  es valorado, y  le da más importancia al valor de su gestión, que a la necesidad de  acumular fortuna. 

Las posesiones materiales determinan su confort, disfrutando  de ello.

La falta de dinero le genera intranquilidad, tomando  acciones, confiado que desde su propósito solventará esa condición momentánea.

Sabe que la mejor inversión de dinero está en él o ella misma (salud y educación) y que el retorno  de  la inversión llegará.

Sea un empleado o un empresario, lo que lo mueve es lograr el desarrollo  de  su propósito.

Cree con convicción que el dinero  es una consecuencia de lo que hace cada día con amor.


No pretendo  indicar cual vía es la mejor, cada cual tiene el derecho de generar su propio estilo de relación con el dinero, y  sea cual sea, esto  es válido para quien lo decide.  En mi caso ha sido muy  beneficioso pasar que mi vida rotara en relación al dinero, para que gire en función a mi propósito de vida. Sin temor a equivocarme puedo  decir que ha sido más rentable desde todo punto  de  vista.  

Amancio E. Ojeda Saavedra
Twitter: @amanciojeda     


  

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cerrar Ciclos con Elegancia

Conversaba con una persona con quien gozo de buena amistad, quien se debatía de cómo decirle a su jefe que tendría que renunciar al cargo, y a su pareja que tendrían que terminar; porque había obtenido un mejor cargo en otro país.

Esta persona había mantenido el proceso de búsqueda, selección y mudanza a escondidas de todos sus seres cercanos,  entre ellos su pareja con quien ya tenía 3 años de relación. De quien les hablo se había hecho  la idea que estas circunstancias eran  el mejor momento para salir de ese noviazgo que ya no  le generaba ningún entusiasmo, además de saber que su pareja no podría acompañarle dada su realidad familiar.

Una de sus declaraciones más contundentes fue: “Lo mejor que puedo hacer, es poner la renuncia dos días antes de irme y  cuando llegue allá, llamo  a mi pareja  y le cuento…” y luego  de  un suspiro me preguntó: Amancio tu como  Coach: ¿Qué me recomiendas que haga?  

Mi  respuesta fue: Hay  tres preguntas que debes responderte, la primera: ¿Qué crees que ganas haciéndolo de esa manera? la segunda: ¿Qué estas evitando de estas conversaciones? Y la tercera:  ¿Cómo quedará tu identidad haciéndolo así? 

Sin duda que esto le generó mayor confusión e intranquilidad, sus dedos golpeaban la mesa con mucha rapidez y su voz se entre corto antes de responder.

Mi reflexión 
Todos los seres humanos hemos tenido la necesidad de cortar una relación de cualquier tipo: una relación de pareja, despedir a un empleado, renunciar a una organización, despedirse de un grupo de amigos, etc. Y eso por mucho que lo nieguen, siempre es un trago  amargo cuando existen afectos de por medio.

Dejar los ciclos de la vida abiertos genera un espiral de incertidumbres, juicios de valor, suposiciones, rencores y  sin sabores inútiles e infelices; dejar abierto un espacio siempre nos consume energía y nos detiene.

Terminar con una relación requiere de elegancia, aquella que merece nuestra imagen como  personas y profesionales; debemos ser sutiles, inteligentes, transparentes, valientes y  sobre todo honestos con nosotros mismos.

Cerrar un ciclo implica que más allá del  dolor que este puede producir (que siempre es finito); ambas partes queden claras de las razones, los termino de futuro,  lo bueno, lo malo y lo aprendido de haber estados juntos. 

 
Amancio E. Ojeda Saavedra
amancio@alianzas.com.ve
Twitter @amanciojed