Nicolas en su laberinto

Un 26 de marzo luego de muchos años andando, Nicolas se da cuenta que está encerrado en un laberinto muy particular, las paredes eran blancas y negras, y en las mismas habían unas ventanas, estas conducían algunos atajos que siempre resultaban infortunados.  

Su orgullo no le permitía pedir ayuda, él creía tener “sobrada experiencia” para salir del lió donde se había metido; así que caminaba buscando la salida, tercamente, una y otra vez se metía por los atajos, y  siempre el resultado  era el mismo, no conseguía la manera de liberarse del encierro entre esas callejuelas sin salidas, que lo hacían retroceder y volver a un lugar puntual, donde se le hacía apacible la estancia sin importarle el avanzar al objetivo o alcanzarlo, allí se sentía cómodo, aunque eso implicaba usar la violencia para defenderse de sus fantasmas detractores.

Pasaban los días y los meses y él pobre hombre seguía perdido; el tiempo en ese lugar había logrado que su soberbia se hiciera más grande, su terquedad más tenaz y su ceguera más elocuente. Estaba ciego de comprensión de la realidad. El aislamiento había hecho su trabajo.

De cuando  en cuando sus fantasmas más cercanos lo atormentaban, hasta el punto de hacerlo llorar de miedo en las equinas del laberinto, unos se les convertían en espejo para mostrarle su pobreza de alma; otros le presagiaban su final; y los más osados le engañaban diciéndole al oído que estaba cerca de la salida y  saldría victorioso, siendo esto la más grande mentira;  todos sus fantasmas tenían el mismo nivel de crueldad que su actuar había modelado. En las acciones de Nicolas ellos habían conseguido su mejor escuela.

Esa tarde luego de tanto chocar con las paredes tomo el megáfono  para vociferar al eco del laberinto su veneno visceral, frustración, soledad y  odio; en su acto de catarsis sentía el mismo alivio que siente el que se está ahogando y, por un instante sale a tomar una bocanada de aire para luego hundirse. Aun con dosis de esperanza desea que llegue la noche, creyendo que mañana despertará y la realidad será otra.

Esa noche en especial fue larga y oscura, la luna y las estrellas le dieron la espalda, los fantasmas detractores hicieron fiesta y  se empeñaron en mortificarlo con más crueldad que de costumbre, y sus pensamientos se estacionaron en cada fracaso cometido; no veía la hora que llegara la luz del día, en algunos momentos acudía a su reversa de buen animo y  se decía a sí mismo: - Esto va a pasar. Pero minutos después su ausencia de gallardía lo volvía a su  estado de terror.

Todos los llantos que se escuchaban en el laberinto venían del mismo lugar, el rincón donde se conseguía Nicolas, su garganta estaba ya estaba rota, y secretamente había implorado libertad a todos los santos, pero el milagro no llegaba.

En un momento pensó en rendirse y declarar su incompetencia para conseguir la salida y esperar que alguien viniera a rescatarlo; aspiraba que al  estar en completa quietud los fantasmas lo obviaran, cosa muy poco probable, los fantasmas son expertos haciendo su trabajo.

Se acercaba la hora más oscura de la noche y el terror se apoderaba hasta de su respiración, no sabía que le esperaba con la llegada de la aurora, solo tenía una certeza: la incertidumbre. 

Para poder conseguir la salida se requiere una dotación de 3H, que solo se consiguen antes de entrar en el laberinto, esta pócima universal está compuesta por: Humildad: para entenderse humano, Humanidad: para evitar la perversidad  y, Honestidad: para reconocer sus límites.

Nicolas sigue dando vueltas en el laberinto.

Amancio Ojeda Saavedra

@amanciojeda

amancio@alianzasdeaprendizaje.com

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