viernes, 16 de marzo de 2018

Salí del closet

Corrían los días de diciembre de 1982, en medio de una celebración improvisada, mi madre me había preparado para decirlo y como siempre contaba con todo su apoyo, sólo se requería que llegara mi papá y que mi valentía se abriera paso entre el miedo que me hacía sudar frío -en Maracaibo. Me tocaba decirle a mi padre que ya no quería estar más allí, que deseaba salirme y vivir mi vida de manera libre, me sentía enjaulado, presionado, inconforme, enfermo. 
En medio del jolgorio navideño, con tan solo 12 años se lo dije, mi padre se enfureció, refuto, se negó, dijo que “NO”; así comenzó la sampablera, terminé siendo golpeado, creo que fue la paliza más grande que me dio en la vida, hubo gritos, empujones, llanto, acusaciones, amenazas, y dolor… pero me salí con la mía, no volví a la “Escuela militar 4 de agosto” en la población de Colón, Estado Táchira. Eso de la vida castrense no era lo mío. Probablemente esa sea mi primera salida del closet. 
Aunque se ha estereotipado la frase “Salir del closet” a una referencia sobre los favoritismos sexuales, yo creo que todos tenemos y vivimos con más de un aspecto intimo dentro del closet. 
“El closet” guarda una vida en secreto; algo que nos hace feliz, que nos brinda placer y alegría, que muestra nuestro actuar con más coherencia con lo que somos; pero la sociedad o el entorno rechaza esa forma de ser, la juzga, la niega, la convierte en pecado. No queda más remedio que vivirla a escondida, encerrado en claustro tormentoso de las paredes de la mente y el corazón, en el secreteo, usando una fachada creíble para no ser descubierto.  
Hijos que estudian carreras completas, sólo para complacer los deseos de sus padres, y jamás la ejercen una vez que se gradúan. Mujeres y hombres infelices que viven matrimonios de apariencias, de conveniencia, de sumisión. Vivir preso en la práctica de una religión por tradición familiar, queriendo experimentar otra o ninguna. Quedarse anclado en la doctrina de un partido político, repitiendo como loro un discurso en el que no se cree, porque es preferible degradarse de esa manera, a saltar la talanquera. Personas que soportan a jefes que quisieran mandar al infierno, pero prefieren eso a quedarse sin empleo y sin estabilidad. 
Cada ser humano tiene en sí más de una cosa guarda en su closet emocional, que si lo saca al mundo sentiría una sensación de libertad indescriptible, pero no lo hace por muchas razones, entre ellas, es que guardarla tiene sus ganancias, la primera, escaparse del rechazo del entorno social y afectivo, y la segunda, evitar el dolor emocional (y físico en muchos casos); solo para mencionar dos.   
Nadie está obligado a salir del closet, ni hay un tiempo preciso, ni edad, ni las condiciones perfectas para hacerlo. Cada quien decide vivir su vida a su mejor manera, y la madurez le va dando las pautas de cuándo liberarse de las ataduras, y así poder dar el paso que lo saca de la sombra (in)cómoda del closet; con un miedo menos; con una conquista más; con gente que se aleja; con afectos que se pierden; con personalidad que se gana. 
Este acto de honestidad, exige una gallardía gigantesca, y para muchos será el acto más grande que pueda hacer en su vida. En muchas oportunidades la verdad personal, puesta a la luz de una sociedad miope, puede costar una muerte social y una emancipación humana.  
Como personas tenemos nuestros lados brillantes y nuestras zonas oscuras, cada quien decide qué hacer con esto que nos conforma, lo importante es distinguir entre unos y otros, y sacarle el mayor provecho en función de nuestro ser. ¿Cuántas cosas están en tu closet, que le quieres gritar al mundo? 

@amanciojeda 
www.amanciojeda.com