martes, 6 de marzo de 2018

Aprovecharse del miedo al juicio


Gocé de un padre graduado en letras, apasionado por la lectura y la escritura, ambas cosas las hacia bien. Mientras escribí mi libro lo hice sin decirle nada, no lo involucré en ese proyecto, y eso me hacía avanzar con miedo, pero avanzar. Se enteró de mi obra cuando le llegó la invitación para el Bautizo.

En una oportunidad un cliente mi pidió un curso sobre un tema del cual no tenía ni la menor idea, para no lucir desactualizado, le ofrecí la propuesta para ese mismo día, y cuatro días después, con muy pocas horas de sueño en mi haber, estaba dictando curso de 16 horas. Salí airoso, y esa cadena de hechos de una semana, me dejó como resultado: Un producto intelectual fantástico, que se convirtió en el curso más vendido de mi empresa entre el 2007 y el 2011.

En las dos situaciones planteadas anteriormente hay un elemento que coincide, y que es el tema a tratar: el miedo al juicio de valor. Acto que ha sido satanizado, y que, en oportunidades, no es tan nocivo como lo plantean.

Los juicios de valor, pueden hacer que las personas se paralicen o, como en muchos casos, despierte una serie de posibilidades de crecimiento.

El miedo a la opinión de mi padre sobre escribir un libro era tan poderoso, que me invitó a continuar en silencio y rápidamente, para llegar al objetivo. Así mismo, el miedo al juicio de mi cliente, que me dejará en evidencia que no sabía de un tema tan actual, me puso a estudiar por tres días mientras iba diseñando el curso, y el resultado fue un excelente producto. El juicio de estos actores no era mi motivación principal, yo quería escribir un libro, y servir al cliente, pero sin duda que el miedo “al dedo acusador” era un ingrediente que jugaba un papel importante.

Vivimos en un mundo de juicios, y así será por siempre. Eso es lo que nos permite agruparnos y convivir, acercarnos a quienes “se parecen” a nosotros, y alejarnos (al menos eso creemos) de los que son diferentes.

Transforma el miedo
Para fluir con el miedo al juicio de valor, no se requiere buscarle interpretaciones profundas, o hacer una travesía a las catacumbas de la memoria de los miedos infantiles, a ver dónde está alojado y desmontarlo; tampoco, es cuestión desglosarlo en silabas y revisar la entonación y el significado de cada palabra, para comprender de manera exacta e impoluta lo que el otro quiso decir. Estas investigaciones tan densas como válidas, son útiles, son transformadoras, y son de proceso y tiempo, pero, en ocasiones, un juicio no tiene tanto poder como para hacer de él un melodrama digno de una telenovela, o un proceso de sanación.    

El miedo al juicio de valor es del tamaño y la fortaleza de tu autoestima. Es posible convertirlo en un aliado, desde su esencia natural, sin transformarlo en sí mismo, sino hacer lo necesario para que te transforme a ti, en la dirección que deseas.
La capacidad de transformación personal, se basa en pasar de un juicio a otro, de una creencia limitadora a otra potenciadora, de un pensamiento paralizante a un movimiento de avanzada.

Cada vez que veo venir una bandada de juicios de valor, y que intuyo que me pueden restar posibilidades, recuerdo la oportunidad en que me mudé de Maracaibo a San Cristóbal, me dijeron todo “lo malo” del gentilicio Tachirense, yo decidí creerles, y me costó mucho la adaptación a esa ciudad y a su gente; cuando yo cambie, cultive las relaciones y las amistades más genuinas de mi vida.

Deja al otro con su juicio, esa persona tiene derecho a ser y opinar como mejor lo desee, y tú, asume tu derecho a creer o no. Cuando veas venir un juicio de valor, baila con él, y en el momento indicado suéltalo y déjalo que baile solo.

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda