Un regalo infinito en mi cumpleaños

Comeré un nuevo plato, disfrutaré de un nuevo sabor en mi paladar, buscaré para comer algo que se convierta en una experiencia diferente para mi carta de sabores. Regalaré cosas, haré un acto de dar y desapego, ese día me desprenderé de algo material que me guste mucho, para conectarme con mi ser. Hablaré con Dios, y sin pedirle nada, le ofreceré algo. Agradeceré a quienes me feliciten con las palabras necesarias, esas que me hagan sentir que he sido recíproco con ese gesto. Besaré a mis hijos y los abrazaré con el corazón abierto, les dejaré saber que han sido un gran regalo para mí. Disfrutaré de las mieles del amor que Ana Luisa me da, le pediré que me regale su sonrisa para dejarla tatuada en mi memoria.
Disfrutaré la compañía de quienes estén conmigo de cerca y de lejos. Me cantaré a mí mismo la canción de cumpleaños que tanto me gusta, la escrita por Armando Molero, esa que inicia así: “Hoy día de tu cumpleaños, te vengo a felicitar, también te vengo a ofrendar...”. La agenda no está diseñada, ni lo estará; seré un ser despreocupado de la hora, haré que el día lo guíe el disfrute y no el reloj y los compromisos con otros. Nada de lo que me propongo será una imposición para hacer, sino un deseo, de no cumplirse ese día estará en los pendientes para los próximos. A mis lectores, que están acompañándome desde hace tanto tiempo y han hecho de esta columna un lugar para recrearnos, aprender y compartir; esperaré tus felicitaciones y buenos deseos, consígueme en las redes sociales y allí nos saludamos.
Amancio Ojeda Saavedra
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