sábado, 5 de marzo de 2016

Líder se te están agotando las fuerzas



El ocaso es un lugar obligado para todos, y los líderes no escapan a ello; el legado  de un gran líder se mantendrá en el tiempo, en la medida en que lo haya edificado sobre la base de corazones que desean que permanezca vivo, y que sea útil. 

Mil maneras de liderar, mil maneras de comprender e interpretar el mundo  y su sistema relacional,  mil maneras para crear, y solo una manera para estar vigente en el tiempo, un legado  de servicio.

Los grandes líderes tienen la particularidad de ser amados por unos y odiados por otros, acompañados por muchos y abandonados por otros, entendidos por quienes le aman y  mal interpretados por quienes no han sido capaces de estar mucho tiempo cerca de él. Al  final, cuando llegue el momento en que no esté, de él hablará lo  que fue capaz de crear.

El legado duradero, útil, poderoso y  que contribuye al mundo de manera tangible, es la educación; todos los líderes que han formado  uno o  miles de personas, han servido  para dejar un mundo mejor, ellos con trabajo le han restado a la humanidad ignorancia,  miseria y mediocridad.  

Hoy  quiero honrar a mí padre, de quien llevo  sus dos nombres y el  apellido, un líder innovador de la educación, un hombre que sirvió como docente de aula hasta dirigir su propio instituto universitario, un académico, colmado de defectos y  de  virtudes, con una terquedad muy propia y que lo llevo por caminos  de altas satisfacciones y bajos dolores; un hombre que vive la vida a su manera.

Gracias a su iniciativa, hoy hay miles de profesionales haciendo de este mundo, un mundo  mejor. Tengo la certeza, que se empeñó contra viento y  marea, contra burócratas y mediocres, por hacer cada día mucho más por la educación de este país, la tierra que lo pario y donde siempre estará sembrado.

El 24 de agosto del 2012, el consejo legislativo del Estado Zulia le otorgó  a su amado Instituto Universitario “Jesús Enrique Lossada”, la orden “Rafael María Baralt” en su primera clase, en ese solemne acto, me correspondió dar un discurso de agradecimiento y reconocer la labor de mi padre. Disculpen el arrojo de citar mis propias palabras, que en esa oportunidad (como hoy) escribí con amor para él, al texto dicen:

“…Con el permiso de los presentes, permítanme dirigirme al Lic. Amancio Ojeda Cabrera como mi padre, es necesario para mí hacerlo en este momento.


Papá nunca hemos dudados que siempre preferiste subir caminando, el facilismo no era una opción para ti, tus convicciones te llevaron lugares tan altos, que nos mostraron que,  sobre la base de acciones honestas podríamos llegar más seguro a nuestras metas. Quiero agradecerte personalmente por todas las lecciones de  vida, por todas las lecciones académicas; por educarnos desde el ejemplo lo que significa la perseverancia; junto  a ti  aprendí  mucho de lo que soy, y lo mejor es que sigo aprendiendo. Admiro el ser inquieto que eres, admiro  la capacidad creativa que le pones a cada proyecto  que emprendes, siempre en el balance consigo que tus virtudes son más grande que tus defectos.


Como hijos tenemos el deseo de ser “mejores” que nuestro  padres, y la verdad es que me pusiste la barda alta, haré mi mejor esfuerzo para ser ejemplo, y dejar un legado como el  que estas dejando. Confía que tu nombre, mi nombre y  el de  mi primogénito no  se enlodará en mi generación, ninguno no los merecemos…

Hoy las facturas del tiempo, los designios del creador y el llamado de los abuelos, está apagando poco  a poco la lucidez, la fuerza y la vida  de este líder, mi padre. Ha sido tan terco como  creativo;  tan efervescente en sus emociones como  emprendedor;  tan enamorado como buen cocinero; tan soberbio como amigo leal; tan caprichoso  como ávido lector; tan glotón como cariñoso; definitivamente tan tú. Cuando llegue la hora, recibe mi amor, échame la bendición y que tengas un buen viaje.    


Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda (Twitter e Instagram)