Tiempos malos

Cuando la vida, el universo o, vaya usted a saber quién nos nubla la visión, se nos cierran los caminos, y todo nos sale al revés; cuando el mundo se nos hace grande y las salidas angostas; en esas temporadas (que parecen eternas) que de manera recurrente nos invitan a hacernos la interrogante: ¿Por qué todo esto me pasa a mí? Buscando una explicación a tantas circunstancias para un solo cuerpo, surgen igualmente otras preguntas: ¿Qué hacer? ¿Por dónde comenzar? Entre otras. Sin duda que no hay recetas mágicas, ni pócimas, ni bebedizos; en la farmacia no venden todas las soluciones, y los cajeros automáticos nos dispensan billetes de paz interior. Estos tiempos malos exigen tanto, que de sólo pensar cuantas cosas pasan y cuantas cosas se necesitan para resolverlas, la mente se agota, el cuerpo trabaja con la reserva de energía, y el espíritu se opaca. La cotidianidad está llena de “sabios” consej...