martes, 7 de julio de 2015

A un manipulador no se le llama líder.


En una sociedad donde se convierte en un cliché que: “no se puede confiar en nadie”, siendo esto una generalización injusta, y  que desde la práctica es falso, ya que  pasamos la vida confiando en otros,  entonces: ¿Cómo confiar en un líder?

En la necesidad de solución de las cosas, o en la búsqueda de lograr cambios en la inmediatez,  se suele dar la confianza aquella persona que dice lo que se desea escuchar, y luego viene la decepción y la frustración. Esto ocurre desde lo político  hasta con un albañil.

Los líderes tienen la tarea de ganarse la confianza de la gente, a ellos les corresponde hacer que quienes le siguen confíen en él, para luego poder contagiarles con su visión y  deseo  de cambio. 

Cuidado con la manipulación
Es muy  sencillo ganarse la confianza desde la manipulación, y todos hemos aprendido a manipular de una u otra forma;  por tanto se hace un lugar común las prácticas de manipulación en las relaciones humanas, incluyendo los procesos de liderazgo. Los líderes deben tener cuidado con hacer de la manipulación una habilidad.

Los líderes pueden manipular desde la victimización,  la compra de conciencias, mentiras (o medias verdades) muy bien planteadas, promesas construidas en fantasías, falsos actos heroicos, “ganando indulgencias con escapularios ajeno” como dice el  refrán popular,  entre muchas otras prácticas efectistas. Lo anterior más allá de ser cuestionable, es la muestra más diáfana de un liderazgo sin cimientos.

Quien dirige una organización,  un grupo Scout, una iglesia, un partido político,  un consejo comunal, etc. Debe saber que no necesita manipular para poder dirigir, lo que le corresponde hacer, es ganarse la confianza de la gente siendo una persona autentica, mostrando sus virtudes y defectos, y dándose el  espacio y el tiempo para que realmente le conozcan.

Las bases de la confianza
Hay tres (3) bases en las que un líder  se debe apoyar para ganarse la confianza de las personas, y  así convertirlos en verdaderos seguidores sin la necesidad de usar la manipulación,  estas  son:          

a. La sinceridad, se  trata de comunicar la verdad desde los hechos, sin usar “maquillaje” que ponga los mismos a su favor. Decirle la verdad a quienes le siguen es un aspecto  vital del liderazgo, incluso, cuando  esa verdad le traerá consecuencias no  deseables al líder. Cuando se es sincero con la gente, se es digno  de  confianza.

b. La credibilidad, está referida a la historia que acompaña a la persona. Un banco otorga un crédito (que es un acto de confianza), cuando  el historial como cliente muestra que será un buen pagador. La credibilidad del líder es la existencia de la congruencia, es haber construido un camino de hechos que lo conducen a merecer la confianza de la gente.

b. El  espacio de acción, es un elemento importantísimo  para completar la confianza, se puede ser digno de confianza para un área y no para otra. Que alguien se gane la confianza como director de orquesta sinfónica, no quiere decir que esa misma confianza ira intacta como piloto de avión. Por tanto los líderes deben saber cuál es el espacio  de acción donde deben construir y ganarse la confianza, mientras mayor concentración de  esfuerzo sobre un área coloquen, más rápidamente podrán ganarse la confianza; si diluyen la energía en muchos aspectos, será más complicado que la gente comprenda en donde confiar. 

Se puede decir la verdad, y tener poca credibilidad, se puede tener credibilidad y ser sincero y no estar en el área de acción correcta; y así se pueden ir conjugando estas tres (3) variables. Sólo cuando  se es sincero, se tiene credibilidad y se está en el espacio adecuado, se gana la confianza.      
      
Seamos cada día más conscientes que necesitamos confiar en la gente, y estas bases que presenté anteriormente,  son un buen medio para saber si podemos confiar, y sobre todo, si somos dignos de confianza.


Amancio E. Ojeda Saavedra
@amanciojeda