miércoles, 26 de marzo de 2014

No soporto a mi Jefe

He tenido la fortuna de ser empleado en los niveles más operativos de una empresa, he servido como gerente, he liderado equipos, empresas y organizaciones sin fines de lucro; hoy en día sirvo como consultor, facilitador y coach organizacional. Esto ha hecho que en alguna medida conozca un poco de lo que se piensa, de lo que se dice, de lo que se siente y de lo que se disimula de espalda o de frente de esos personajes que llamamos jefe o jefa.

En los últimos tiempos, escucho expresiones como: “Me molesta cuando mi jefe me manda a…”, “Me quejo más de mi jefa que de mi trabajo…”. “Cuando llega mi jefe a mi puesto, quiero que se vaya rápido…”, “Si cambiara algo de mi trabajo, cambiaría a mi jefe…”, “Sólo quiero a mi jefa cuando necesito pedirle un permiso, un aumento, un adelanto, un bono, etc.”, “No entiendo cómo puede ser mi jefe, si sabe menos que yo…”, y esta lista podría extenderse mucho más.

Sé que existen conductas de los jefes que provocan rechazo; entiendo que existen jefes que aún no han comprendido que deben construir un liderazgo armónico donde la relación se construya sobre la base de la confianza; comprendo que el sistema autoritario aprendido en casa, daña enormemente a los jefes que no se preparan en gerencia y liderazgo. Sin embargo, más allá de lo anterior, como colaboradores tenemos una gran cuota de responsabilidad, cuando nos sentirnos, expresarnos y actuamos de manera reactiva ante la existencia de los jefes.

Cuando se tiene esa valoración de un jefe, es necesario dar una mirada interna, y observar el personaje y sus conductas, como una proyección de las propias. Es importante recordar que cuando los hechos se dan, lo que afecta es la interpretación que cada persona hace de los mismos; ningún acontecimiento viene con interpretación propia. Por tanto, cuando el jefe hace algo, dice algo, o se comporta de una manera que me saca de mi centro y de mi armonía, debo revisar mi interpretación de lo ocurrido; esto podría hacer que le reduzca el poder a esa situación, o comprenda que fue una reacción intestinal a algo que no merecía mi desgaste emocional.

En la misma dirección de este tema, es fundamental reconocer que cuando llegamos a un puesto de trabajo, no tenemos la posibilidad de elegir al jefe, pero sí podemos decidir sacar lo mejor de esa persona desde la honestidad de nuestro actuar, la asertividad para comunicar, la mirada apreciativa y la comprensión de nosotros mismos. También tenemos la oportunidad de decidir no tener el que jefe que tenemos, diciéndole adiós al puesto o la organización.

El disfrute del trabajo, la armonía del equipo, la posibilidad de un desarrollo humano y profesional dentro una organización, depende mucho más de la capacidad personal, que de los límites que imponen las circunstancias.


Amancio E. Ojeda Saavedra 

@amanciojeda
amancio@alianzasdeaprendizaje.com