martes, 18 de enero de 2011

Necesito mis Defectos


Es necesario tener defectos para poder tener virtudes; no  se es completamente bueno ni completamente malo; no se es libre de pecado ni mucho menos completamente pecador, etc.

El mundo está hecho por seres humanos  que se forman en sus defectos y en sus virtudes, la sociedad ha enviado el mensaje que debemos ser: buenos, productivos, eficientes, hábiles, entre muchas cosas positivas más; pero  solo sabemos lo que en esencia somos, cuando  nos confrontamos con nuestros defectos  y  somos capaces de superarlos.

El vivir las consecuencias de los vicios particulares, es una sana invitación para salir de un estado inarmónico e improductivo y entrar en un espacio  de superación personal, que permita mostrar nuestras fortalezas humanas.

Cuando  un rasgo  de nuestra personalidad se muestra de forma exagerada, normalmente es la manera de ocultar el lado  opuesto  de ese rasgo, y que no queremos que sea reconocido en nosotros, eso  es tanto para lo positivo como para lo negativo. Quienes deciden vivir un mundo de perversiones, solo  están escondiendo lo bueno que pueden llegar a ser si lo  deciden.

Existen defectos, que quiero  seguir reconociendo en mí, porque son una invitación constante a actuar, y así poder colocarme en lo opuesto, con ello demostrarme que soy capaz de cambiar y que tengo otras virtudes que me ayudan en el camino de mi existencia. Entre ellos:

  • La ignorancia, para cada día buscar ser más sabio.
  • La mentira, para buscar cada día la verdad.
  • La frivolidad, para orientar mis acciones a ser más espiritual.
  • La inmodestia, para querer ser cada día más humilde. 
  • La intransigencia, para saber que necesito cultivar la tolerancia.
  • La ira, para saber que nada mejor que solucionar las cosas en la serenidad.  
  • La maldad, para comprender cuanto  necesito  actuar con sincera bondad.

Como en la lista anterior de defectos, me descubro en muchos otros; donde cada uno  me abre una posibilidad de hacerme un mejor hombre, cada día le temo  menos a mis vicios pero siempre les respeto, porque sé  que con su presencia la vida me está diciendo el trabajo  que me corresponde hacer. 

No suelo  salir a la caza de mi defectos, ellos salen en los momentos más inesperados, es fácil reconocerlo y complejo soltarlos, es sumamente sencillo esconderlos a la luz de otros, pero el  amargo sabor siempre está en el paladar y en el corazón.

Reina en mí la alegría de saber que ninguno  de mis defectos es para siempre, y que todos son superables.


Amancio E. Ojeda Saavedra 
e-mail: amancio@alianzasdeaprendizaje.com 
Twitter: @amanciojeda