He tenido la fortuna de ser empleado en los niveles más operativos de una empresa, he servido como gerente, he liderado equipos, empresas y organizaciones sin fines de lucro; hoy en día sirvo como consultor, facilitador y coach organizacional. Esto ha hecho que en alguna medida conozca un poco de lo que se piensa, de lo que se dice, de lo que se siente y de lo que se disimula de espalda o de frente de esos personajes que llamamos jefe o jefa. En los últimos tiempos, escucho expresiones como: “Me molesta cuando mi jefe me manda a…”, “Me quejo más de mi jefa que de mi trabajo…”. “Cuando llega mi jefe a mi puesto, quiero que se vaya rápido…”, “Si cambiara algo de mi trabajo, cambiaría a mi jefe…”, “Sólo quiero a mi jefa cuando necesito pedirle un permiso, un aumento, un adelanto, un bono, etc.”, “No entiendo cómo puede ser mi jefe, si sabe menos que yo… ”, y esta lista podría extenderse mucho más. Sé que existen conductas de los jefes que provocan rechazo; entiendo que existen jefes ...