La presencia del “tener” que no existe.

Tener estudios y títulos para no sentirnos aislados con nuestra ignorancia. Tener muchos amigos para acompañar nuestras alegrías y penas, saboreando siempre la necesidad uno más. Tener un alguien, quien en esa sabrosa enfermedad llamada amor, se contagia, y juntos nos olvidamos de esa sensación latente de soledad que camina en nosotros. Tener hijos, queriendo (consciente o inconscientemente) que no se vayan, cosa que inevitablemente harán y; que de manera irremediable, al final del camino, nos acompaña el silencio. Tener un gran carro para pasear a nuestra soledad cada día más confortable, ella se abrocha el cinturón con la certeza que estará allí. Tener el deleite de un show gastronómico en nuestro plato más cercano, más para alimentar el miedo a las ausencias, que la necesidad de este cuerpo que nos da forma. Tener una gran casa, para luego escurrirse entre pasillos y habitaciones, y así estar más distanciados y ausentes de nuestros afe...