viernes, 12 de febrero de 2016

Las cosas que no nos dijimos

Fueron tantas las cosas que no nos dijimos... suprimiré "tantas". Fueron las cosas que no nos dijimos, que esa decisión sirvió para evitarnos, para escondernos, para (no)  agredirnos, para preservarnos; esos silencios sirvieron para encontrarnos, para respetarnos, para admirarnos, para disfrutarnos, para dejarnos ser; y con eso bastaba. Es que lo que no nos dijimos, quedó guardado para su mejor otro momento, ya que aquel momento era sólo una oportunidad de decirlo.

Quería sacarte de allí y sólo escuchar lo que querías decir, pero tu  encierro servía de escudo, para protegerte de lo que guardabas sólo para ti; esa coraza, ese retiro,  era vital para luego poder tener de que hablar. Sin tu  encierro no existiría ni el silencio, ni el deseo de escucharte.

Yo también me recluí en mis reflexiones, en mis palabras secretas, en mi imaginación escandalosa; buscaba resguardar eso que es lo único que me pertenece, y que sé, que cuando le doy rienda suelta, se suelta un bumerang incorrecto, que no sabría por dónde regresar.  Sin mi encierro no hubiese podido escucharte, cuando  suspirabas tu silencio.

Eso que no nos dijimos, sólo está esperando su tiempo para contárnoslo con mayor madurez; espera para ser relatado,  con la calma que produce el silencio; se resguardó en nuestras mentes y corazones, para brotar de manera oportuna, en el momento en que ambos lo necesitemos. Si lo hubiésemos dicho de manera forzada, o de manera precipitada, las palabras hubiesen encajado a la fuerza, y hubiesen roto más de  una esquina de este rompecabezas llamado: nosotros.  

Sé que sólo hubiese bastado una pregunta; y muchas mañanas, tardes y noches, esa interrogante engrosó la lista de lo que no nos dijimos. Una pregunta hubiese abierto el espacio  para decirlo, y también hubiese cerrado la oportunidad que está por venir,  para expresar mucho o poco. Una pregunta hubiese sido inoportuna, insolente, sarcástica y dolorosa; a tal punto, que seguro iba a recibir como  respuesta el silencio y la mirada, hubiese sido el caos. ¿Para qué preguntar, cuando puedo esperar?

Todo lo que no  nos dijimos, puede perderse en los jeroglíficos del  tiempo; puede convertirse en regalos no entregados, o pesares evitados. Todo lo que no  nos dijimos, puede seguir esperando con afonía, calmadamente, haciendo su sedición en cada uno. Todo lo que no  nos dijimos saldrá, cuando cada uno,  decida tocarle la puerta a la oportunidad, y presentarle las palabras de aquello que hasta ese hoy, no nos dijimos.    


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