jueves, 8 de diciembre de 2011

Que hereden amor y paz

Desde hace días me inquieta mucho lo que heredarán nuestros hijos como sociedad, no puedo  negar que mi país se debate en una fragmentación de ideologías político-partidistas, y cada día es más notorio que los Venezolanos sentimos un rechazo por nuestros semejantes por el solo hecho de no pensar de la misma manera.

Está nación estaba caracterizada por haber aceptado y crecido junto  una inmensa cantidad de extranjeros, de países cercanos y lejanos, donde la discriminación racial era casi  imperceptible, donde en comparación con otros países, la división de clases sociales no era un tema de discusión; hoy sería inaceptable que surjan esas  aberraciones sociales. 

Nuestros hijos desde muy temprano están tomando su propio lado político-partidista, y se atreven a opinar y hablar de ello, eso me parece muy bien, aunque no tengan  una conciencia clara de lo que ocurre; pero de la misma forma están copiando  el rechazo hacia los otros.

Si  este es lo que los niños ven, esto  será parte de su herencia, hoy muchos adultos mostramos estas conductas:  

a.- Rechazo  a una persona por su convicción política, y hablamos de forma despectiva de ella.

b.- Defensa  de nuestra convicción como la única verdad, de forma sectaria y  fanática, negándonos a escuchar a quienes piensan distintos. 

c.- Burla hacia los “otros” de forma peyorativa, como manera de descalificación. 

d.-  Intolerancia a un minuto de un programa de radio o TV,  por el solo hecho que quien lo dirige o es invitado,  es de una tendencia diferente a la nuestra. e.- Cuando  nos alejamos de un amigo o familiar porque ahora piensa diferente.

e.- Elección de las prendas de vestir con el cuidado  que no tengan el color que identifica a un partido político.   

f.- Entre otras conductas que muestran una franca conformación de bandos  en un mismo país.

Quiero proponer

Por el bien de nuestros hijos y las futuras generaciones, desarrollemos la tolerancia; por una sociedad más sana y menos polarizada, escuchemos a los semejantes como legítimos semejantes; por un país sabio  en su convivencia, critiquemos los roles y no a las personas;  por  una nación llena de niños, jóvenes y adultos felices, aceptemos que todos somos necesarios, que todos cabemos y que todos somos responsable de una Venezuela que esté (como lo dice nuestro himno nacional) “unidas por lazos” de amor y paz. 
   

Amancio E. Ojeda Saavedra
Twitter: @amanciojeda