domingo, 28 de agosto de 2016

Mover a la Gente


Todas las historias se parecen, vistas de cerca. Al principio, hay un ser en devenir que duerme. Sufre una crisis. Esta crisis le obliga a reaccionar. Según su comportamiento, morirá o evolucionará.” Este contundente pensamiento del contemporáneo novelista francés, Bernard Werber, nos muestra la tarea para la cual estamos siendo llamados, cada uno de los ciudadanos. Se trata de morir evolucionar, dependiendo de cómo nos comportemos ante la crisis. Yo me quedo con la segunda opción. 

Los líderes saben que tienen una responsabilidad enorme cuando invitan a la gente a una acción;  ellos deben entender que su tarea traspasa la responsabilidad de la convocatoria y el acompañamiento; ellos tienen que cumplir con que el ciudadano despierte y evolucione. A los líderes, basados en su capacidad de influir, hoy se les suma la responsabilidad de sacudir del letargo,  y avivar la necesidad de transformación de quienes le siguen. Ojala y esto lo entiendan con claridad meridiana.  

Cuando observo  a esos famosos personajes, ya sea de índole político,  artístico, farandulero, deportivo o de cualquier otra actividad, que suman cientos de miles de seguidores en las redes sociales, y que sólo les sirven para aumentar su ego, ratifico la necesidad humana que existe de seguir a alguien o algo; al detallar la situación, me espanto cuando las personas creen   ciegamente, sin  considerar lo vacio del mensaje. La gente prefiere creer en cualquier cosa, sin profundizar más allá de lo aparente. 

Mover a la gente puede ser una cosa sencilla, porque podrían ir como sonámbulos; el gran desafío está en que se muevan despiertos, alertas y con la conciencia necesaria,  para comprender el camino que les corresponde afrontar. 

Basta de agitadores que mueven a la gente para que cumplan con sus deberes o reclamen sus derechos, sin conciencia de la dimensión y el significado  de cada cosa. Basta de famosos virtuales, que sus aportes a los procesos de evolución humana y social son casi nulos. Basta de personajes enquistados en el poder, que juegan con la paciencia y las necesidades de la gente.  A todos los anteriores  sería una blasfemia llamarlos líderes. 

Los que sí llamaría líderes
Aquellos que sienten la genuina responsabilidad, que dado  su capacidad de influencia, logran que sus seguidores sean conscientes de la responsabilidad individual y colectiva.   

Los que se alejan de la manipulación a través de la masificación de mensajes, llenos de más mentiras que de verdades.  

Esos que muestran un comportamiento orientado a la educación, y al paternalismo le dicen: ¡Alto!   

Aquellos que no buscan medir su fuerza o poder exponiendo a los inocentes, sino, que demuestran sus capacidades generando resultados. 

Los que dicen con hechos, que han sido capaces de evolucionar a las viejas prácticas, y hoy ejercen un liderazgo adecuado a las nuevas formas sociales. 

Finalmente, me atreveré a llamar líder, a todo  aquel que su historia es humana, con sus luces y sombras; que el servir  y las muestras de ética y moral, lo trajeron al presente; y su futuro, lo construye con gente que con plena conciencia, se mueve a una sociedad más sana. 

Mover a la gente es un acto de liderar con consciencia. 

Amancio Ojeda Saavedra
@amanciojeda