martes, 10 de marzo de 2015

Aprendamos de los lustradores de zapatos.



Hablándole a un equipo  de  líderes de una organización, construí una metáfora en la que creo y que sería egoísta no compartir; así que he decidido escribirla por este medio.
Un lustrador de zapatos en su digna profesión, aprende con el tiempo que dejar un zapato brillante, no  depende sólo de la fuerza con que se fricciona el trapo contra el zapato, hay otras variables que inciden, incluso,  él sabe que no  se trata de fuerza sino de mezcla. 

Los factores más importantes para lustrar un zapato  son: La crema,  el trapo, el agua,  y  el movimiento horizontal, vertical o circular  que hace el lustrador. La mezcla de estos factores garantiza el éxito  del  trabajo, casi sin importar en qué condiciones esté el zapato.

La analogía con la vida
Es fundamental  ver nuestra vida como los elementos que los lustradores de zapatos saben combinar, y debemos aprendernos  sus secretos.  

Luego  de  observar con detalle la gente que juzgo que tiene éxito  y además es triunfadora, afirmo que ellos han sabido  combinar las variables que los llevan en un crecimiento humano y social notable.

Para esta metáfora, he decido usar “La crema” como el cuerpo, este templo sagrado y único, que se expresa en cada cosa que hacemos, que nuestras posturas hablan elocuentemente de lo que nos pasa, es nuestra primera tarjeta de  presentación, es lo que nos da forma, color y presencia. Un zapato marrón pintado  con crema negra, no  se vería congruente, perdería su esencia, la crema delataría que hubo algo que no funcionó en el trabajo  de  Lustrador. Así mismo ocurre con nuestro cuerpo y lo que comunicamos con él, mostrarnos alegres con los hombros encogidos,  y cabizbajos,  no parece congruente, nuestro cuerpo  denotará que algo no funciona.

Debemos ser cuidadosos de velar por nuestro cuerpo como el verdadero lugar donde habitamos, que debe ser expresión sincera de la vida que vivimos.

“El trapo” del lustrador, representa para esta metáfora nuestro lenguaje verbal; la crema se encuentra inmóvil, pero con el trapo la movemos y le damos sentido a su presencia sobre el zapato. Así ocurre con nuestro  cuerpo y el lenguaje, a medida que nuestro  lenguaje se va pronunciando, va creando movimiento a nuestra presencia física, pone en movimiento nuestro cuerpo. Si somos conscientes de lo que decimos, y nos empoderamos con un lenguaje más rico, positivo, creador, lograremos transformaciones necesarias en nuestro mundo físico.

“El movimiento” ya sea vertical, horizontal  o circular, cumple con una función para el trabajo del lustrador, hace que los elementos se coloquen en su justo lugar, es el movimiento  el que determina el territorio correcto donde el trapo lleva a la crema. Siendo “el movimiento” el  representante de las emociones en nuestras vidas, ser inteligente emocionalmente nos coloca en lugar preciso y productivo  de  las relaciones, las emociones van determinando nuestros resultados, nuestras emociones sanas hará que brillemos mucho más.

“El agua”, que para el ilustrador cumple con la función de servir de catalizador entre la crema, el trapo y el movimiento,  así mismo ocurre para este concepto, el agua, pura, transparente y con un valor indiscutible en nuestra existencia, se convierte en el Espíritu, este es elemento  que sin duda hace la diferencia, que podría vivirse sin la creencia de este (como el lustrador podría pulir sin agua), pero que al final, tarde  o temprano  reconocemos como  un factor necesario para hacer la vida más sencilla, para que la experiencia de vivir tenga un recurso  poderoso para los resultados.     

Y estos cuatro elementos no  están solos, para que puedan existir necesitamos un zapato, que representa el mundo  donde vivimos,  con su altos y  su bajos, con sus zonas cómodas e  incomodas, con sus partes duras y blandas, es decir, las circunstancias donde nos toca brillar. 

Hoy  cuando llego a un aeropuerto y se me acerca un lustrador de zapatos, le doy  gracias por servirme de ejemplo y  de  maestro  de vida, su  trabajo hace más brillante nuestro mundo.  


Amancio E. Ojeda Saavedra 
@amanciojeda