domingo, 28 de abril de 2013

Aliviarse del Rencor


Transcurrían  los años iniciales de la década de los noventa, cuando  en medio de mi inmadurez y poca asertividad, se generó un conflicto medio  ingenuo (bajo la mirada que hoy le doy) con alguien con quien disfrutaba de una relación cercana, sincera y colmada de afecto. Este incidente provocó que nos alejáramos y  dejáramos de hablarnos. Dado  la cantidad de relacionados en común, era frecuente que alguien me preguntará por esa persona y por lo ocurrido, yo con el ánimo  de  lucir maduro y  sosegado, siempre hablaba bien de esa persona, aunque al final deja ver 2 o 3 cosas que desmeritaban todo lo bien que antes había dicho.

Yo buscaba de forma disimulada desacreditar sus méritos y logros, por todas las vías me enteraba de lo que hacía y como lo hacía, de sus avances, de su desarrollo como persona y profesional; internamente eso  me daba envidia aunque lo ocultara. Empecé a generar un espiral del crecimiento del rencor, basado en estar pendiente del otro, sin hacerme cargo  de  mí. Mientras él seguía adelante, yo  estaba atado a seguirlo y buscar la manera de que no brillara.El rencor fue creciendo en mí, a tal punto que mi vida estaba determinada por las acciones del otro.

Cuando decidí soltarlo
La vida continua, y en algún momento que no puedo determinar decidí bajarme de esa situación, no  seguir caminando en ese espiral decadente y comenzar hacer mi vida.

El haber logrado esa liberación, me permitió expandirme, crecer, iniciar relaciones personales y profesionales que cultivo  hasta la fecha, aprendizajes insospechados, tocar y ser tocado por   almas de genuina bondad. El haberme separado de mi cultivo de rencor me llevó a ser lo que hoy soy.

El rencor, es una muestra la inseguridad en uno mismo; es la escusa perfecta para sabotearte tu propio  desarrollo; es la proyección de tus miedos en otros; es el pánico a  descubrir lo que te falta por crecer como ser humano; es la mirada nostálgica a un plan hecho por ti y para ti, sin pensar en el otro;  es una crónica pendejada que te consume.  

Por eso siempre he tenido y  lo  seguiré teniendo presente esa frase del juramento  de la JCI que pronuncié con convicción un día de Julio de 1995, que dice: “… No guardaré odios ni rencores en mi corazón, sabré perdonar el daño que hiciesen…”.       


Amancio E. Ojeda Saavedra 
@amanciojeda