viernes, 22 de marzo de 2013

La felicidad ¿Una cosa de otro mundo?



Cuando  me enfrento a definiciones que responden a la interrogante: “¿Qué es la felicidad?” sin duda que las respuestas son variadas, están marcadas por las carencias, las búsquedas, las historias y  los logros de los interrogados. En algunos casos el mundo interno es tan complejo que la felicidad parece una cosa de otro mundo.

Particularmente creo  que la felicidad es más sencilla de lo que pensamos, está más cerca de lo  que la sentimos, y es más visible de lo que podemos percibir.

En una amena conversación con una amiga, le narraba que había tenido una  tarde muy feliz, ya que me había dedicado  a escribir varias cosas mientras escuchaba a mi hija  practicando con su instrumento, mi hijo  había obtenido 19 puntos en su tesis y de paso disfrutaba de una olorosa taza café. En ese momento fui muy  feliz, primero porque lo percibí y  segundo porque lo  decidí. Pude haber colocado los “pero” correspondientes como: Bueno  lo que estaba escribiendo  no  era parte de mi  segundo   libro sino  un artículo más;  o mi hijo  no  sacó  20 puntos; o mi hija desafinó en unas notas. El haber hecho eso, hubiese arruinado mi   momento  de  felicidad.

Aprender a ser feliz
Parte de la conversación que anteriormente les cito, transcurrió tras mi  explicación sobre la obligación que tenemos los padres de educar a nuestros hijos para que aprendan a percibir los momentos y decidir ser felices.

Le sugería a mi amiga que les preguntara a sus hijas al llegar la noche: ¿Cuántas veces fueron felices durante el día? Y  si no pueden identificar ningún momento, deberían reflexionar seriamente sobre esto, dado  que la felicidad no está en las cosas que haces, sino  en la manera en que haces lo que haces.

Debemos quitarle el poder a la relación “tener-felicidad” que se basa en que necesito tener algo para ser feliz;  es momento que en casa y  en el colegio nos muestren que la relación más positiva para contribuir a nuestras vidas es “reconocer-felicidad” donde lo que se quiere es que seamos hábiles para reconocer que poseemos más razones y momentos para ser felices que cualquier otra cosa.

Permítanme cerrar esta entrega preguntándoles: ¿Cuántas veces fueron felices el día ayer?    


Amancio E. Ojeda Saavedra
Alianzas de Aprendizaje 
amancio@alianzasdeaprendizaje.com

Twitter: @amanciojeda