miércoles, 9 de marzo de 2011

Todo Pasa


Desde la contemplación del paisaje que arroja mi ventana, puedo ver el cerro que días atrás se estaba consumiendo por las llamas, hoy luce un verdor radiante que expresa salud y vigorosidad. Extrañaba esa imagen que en cierto modo ha servido como inspiración de muchos de mis artículos. 

Cuando lo comencé a contemplar, expresé en voz alta: ¡Todo pasa! Acto  seguido vinieron a mi muchos de los amargos momentos con los que la vida me ha puesto a  prueba, y que hoy son parte mi historia, tomando el valor de haberme ayudado a forjarme como el ser humano que hoy  soy. 

Mi  reflexión anterior no  es novedosa ni exclusiva, es común y aplicable a todos los hombres y mujeres que hacemos vida en este espacio terrenal. Mi interés sobre esa reflexión está referida a la grandeza de la vida, de darnos la oportunidad de construirnos en lo bueno y en lo desafiante, y que si  hay un desafío que “quema nuestra alma y nos exprime lagrimas de dolor”; en ese mismo momento, comienza un proceso de transformación interna que hace que el verdor y la alegría de vivir llegue nuevamente.   
Los cerros en silencio soportan la tala y quema, y si los dejamos libres por un tiempo, ellos vuelven a ser esa inmensa fuente de vida. 

Me encanta pensar que esa imagen de transformación del cerro, tiene aplicación en nuestras vidas, y que los humanos aprendamos a evolucionar y nuevamente florecer, basados en el diseño de nuestros propios espacios de soledad, sumergiéndonos en una reflexión sincera y honesta, que genere nuevos pensamientos, y que estos se conviertan en semillas que nos conducen a nuevos  y sanos frutos. 

Es necesario confiar que en nuestra soledad  las cosas que hoy nos alteran  pasan con más calma; es preciso comprender que si  en mi soledad no logro  tranquilidad, es porque no he aprendido a sentir compañía conmigo mismo; y es vital saber que en mi compañía – como lo hace el cerro – ¡Todo pasa!   


Amancio E. Ojeda Saavedra
Twitter: @amanciojeda